Capítulo 4 (continuación) “Circe”

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-Para que comprendas mi tatuaje antes debo contarte una historia. Una historia que me contaba mi padre y que con los años mi mala memoria y mi activa creatividad ha ido deformando hasta lo que ahora vas a escuchar.

“Érase una vez, un anciano solitario, huraño y amargado que no quería adaptarse a lo que sucedía a su alrededor.

Esta historia comienza dentro de 1000 años, y es una historia que no deberás olvidar nunca. Dentro de 1000 años, la sociedad habrá avanzado tanto, que los coches circularán por el cielo, los locales y las calles estarán repletos de robots, y los animales salvajes deberán vivir en reservas especiales bajo cúpulas, ya que no podrán respirar el aire excesivamente contaminado del mundo.

Las ciudades también se erigirán bajo cúpulas como esas, y los seres humanos deberán cubrirse con un traje especial cada vez que quieran viajar de una ciudad a otra. Las casas te recibirán al llegar a ellas con un: “¡Hola! ¿Cómo ha ido hoy el día?” Y la gente sentirá la falsa sensación de que siempre están acompañados.

Pero hay demasiadas diferencias con la actualidad como para contártelas todas ahora. Si no quiero alargarme mejor dejarlas a un lado, ya las irás descubriendo.

Érase una vez, un anciano solitario, huraño y amargado que no quería adaptarse a lo que sucedía a su alrededor.

Tanto era así, que había desconectado la electrcidad en todo su apartamento para que su casa inteligente no pudiera interactuar con él. Por las noches, veía gracias a las velas. Velas que, por cierto, no eran nada fáciles de conseguir.

En invierno, se cubría de mantas, ya que no permitía que la propia casa mantuviera su hogar en una cómoda temperatura de 21,5º. Pero cuando uno tiene una edad, pasar inviernos tan duros como los de dentro de 1000 años, no es nada fácil viviendo sin electricidad. Así que el pobre anciano acabó cayendo enfermo.

Le hospitalizaron. El diagnóstico no era muy esperanzador. Seguramente el anciano acabaría muriendo entre aquellas paredes, rodeado de todo lo que odiaba: habitaciones inteligentes, enfermeros robot, gente que no entendía su forma de pensar… Le asignaron un enfermero personal para que, además de facilitarle los servicios básicos, hablara con él y le hiciera más llevaderos sus últimos días. Pero esto no le gustó nada a nuestro querido protagonista. ¿Abrir su persona y mostrar sus sentimientos a una máquina? ¡Jamás!

Tras varios días y numerosos intentos por parte del enfermero para que nuestro protagonista le dirigiera la palabra, acabó estallando.

-¿Por qué me odias? -preguntó el enfermero con la inocencia que sólo un robot puede poseer.-

-… no… no te odio. -susurró el anciano-

-Entonces, ¿por qué me ignoras?  Estoy aquí para ayudarte.

-No puedes ayudarme. Nadie puede ayudarme ya.

-¿Por qué “nadie ya”?

-Porque ya no quedan humanos en este planeta.

-No te entiendo. Según mi base de datos, tú mismo eres un humano.

-Creo que soy el único que queda.

-No te entiendo.

-Normal, sólo eres una máquina. Por eso no quería hacerte perder el tiempo con mis pensamientos. ¡Déjame morir en paz! -gritó nuestro protagonista antes de darle la espalda y seguir durmiendo.-

El enfermero no volvió a pasarse por la habitación del anciano hasta dos días después. Se acercó a él y comenzó a hablar pese a que el anciano no parecía estar despierto.

-He estado recabando información. He compartido una copia escrita de nuestra conversación con mis compañeros. Hemos investigado tu expediente y hemos llegado a una conclusión. Creemos que tu afirmación “Soy el único humano que queda” es errónea, ya que a lo que te referías es a “Soy el único con humanidad que queda”. Piensas que los avances tecnológicos han menoscabado la humanidad de las personas. Estás en contra de vivir según las comodidades de tu época. No te gusta en lo que se ha convertido tu planeta ni la sociedad. No me respetas porque no soy un humano. Pero, ¿no es mucho más humano haberme preocupado por lo que sentías hasta el punto de comprenderte sin que me ayudaras, que el separarte de la sociedad cuando el ser humano es social por naturaleza?

-Cállate…

-Mis compañeros y yo opinamos que tienes miedo. A evolucionar, a adaptarte, a salir de tu zona de confort. Por eso te has aislado y has acabado ocasionándote una enfermedad que va a acabar con tu vida prematuramente.

-Cállate…

Pocas horas después nuestro protagonista exhaló su último aliento, demasiado asustado como para reflexionar sobre estas ideas”

-Eso te lo acabas de inventar, ¡no me jodas! Has visto que soy una chica solitaria y me has mal contado la típica historieta con moraleja para personas como yo. -exclamó Circe.-

-Es, en esencia, la historia que me contaba mi padre.

-Espero que él fuera mejor cuentacuentos que tú.

-No lo dudes. De todas formas, ha sido la forma más realista de contar una historia. Así es la vida real. -dijo Valle.-

-Yo no quiero que mi vida sea así. -pensó en alto Circe-

-Pues no dejes que lo sea.

-Deja de marearme y ahora pon en relación los elementos de tu tatuaje con la historia que te acabas de inventar, ja ja ja. -bromeó Circe cansada de tanta tensión.-

Y así, de esa forma tan vulgar, abrí mi corazón a la principal razón de que hoy lo tenga hecho pedazos y casi tan enfermo como aquel anciano cabezón, que nunca cambió de opinión.

Fuente de la imagen (http://pelusaradical.blogspot.com.es/2010/06/un-dia-con-mi-nieta-el-arte-de-ser.html)

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Capítulo 4 “Circe”

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-¿Estás segura de que ya no quieres saber el significado de mi tatuaje?

-Eres una buena actriz. Me habías engañado hasta a mí -contestó Circe herida- Empezaba a pensar que no eras una mediocre como la mayoría. Pero me equivocaba.

-¿Una mala infancia?

-Déjalo, no voy a seguir hablando contigo. Me voy.

Y así lo hizo. Dejando a Valle con la palabra en la boca, y dirigiéndose hasta donde se encontraba Toni para inventarse una excusa poco trabajada sobre el motivo ficticio por el que debía irse en ese preciso momento.

-Circe, lo siento, quédate y te haré mucho más caso, prometido.-Le rogó Toni.-

-De verdad, me acaban de mandar un email del trabajo y debo ponerme de inmediato a trabajar en el nuevo caso.

-No me creo que siendo la becaria, por muy gran bufete de abogados que sea en el que trabajes, te pongan a trabajar a las once y media de un sábado. Circe, dime por qué te quieres ir, pero no me mientas.

-Toni, no me siento cómoda. Éste no es mi sitio. Te agradezco la invitación. Pero no lo soporto más. Ya te llamaré para que tomemos un café un día de estos.

Valle salió corriendo del baño. Parecía algo avergonzada y arrepentida. Se dirigió a donde se encontraban Circe y Toni, y puso su mano en el hombro desnudo de Circe. Su tacto era suave y cálido. Con una mirada tímida, Valle le dijo “Ven”. Y de esa forma Circe olvidó su enfado y la siguió hasta la terraza. No se podía resistir al arrepentimiento ajeno. Para ella era mucho mejor discutir con alguien a quien se le derramaba el ego por las orejas. Si presenciaba cierto arrepentimiento, su corazón se derretía.

Salieron del cálido y abrumador ambiente de la fiesta, para adentrarse en la fresca ciudad, observada desde las alturas. Sintieron cómo el oxígeno impregnaba de nuevo sus pulmones. La mente de Circe volvía a estar clara. La sensación de querer huir había desaparecido. Ahora Valle la miraba de frente, con una mirada aniñada, de esas que no vuelves a ver tras el colegio salvo que tengas hijos, sobrinos o ahijados. Se sentaron en un banco y observaron la iluminada ciudad en silencio.
-Para que comprendas mi tatuaje antes debo contarte una historia. Una historia que me contaba mi padre y que con los años mi mala memoria y mi activa creatividad ha ido deformando hasta lo que ahora vas a escuchar.

(Fuente de la imagen: http://blogs.20minutos.es/un-hogar-con-mucho-oficio/2015/06/26/7-ideas-y-un-ejemplo-para-decorar-tu-balcon-o-terraza/)

Capítulo 2 “Circe”

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-¿Vienes de parte del novio o de la novia? -dijo Valle mirando en dirección a Circe-

– ¿Perdona?

-Es una broma, tonta. Que si eres amiga de Ángela o de Toni.

-¿Tonta? -repitió Circe con incredulidad-

-Aaaah, que eres de esas personas que sólo hablan con preguntas de una palabra. Comprendo. Veamos… ¿Cómo te llamas?

Por un momento a Circe se le pasó por la cabeza inventarse un nombre y emitirlo con entonación ascendente tal y como había hecho en las dos contestaciones anteriores. Pero ella no era de ese tipo de personas. Ella era más de ignorar y evitar embarazosas situaciones. Y efectivamente, eso fue lo que hizo. Dejando a Valle sorprendida a la vez que molesta.

La noche se desarrolló tal y como Circe había previsto. En casi todo. Sus tareas más relevantes: escuchar largas conversaciones intrascendentes y evitar contacto visual con aquellas personas que pudieran estar interesadas en entablar conversación con ella. Como la chica de antes. “¿Qué demonios le pasará en la cabeza? Habla como una niña de 18 años venida a más”.

Pese a todo, Circe se sentía un poco culpable por haber sido tan cortante con ella. Durante toda la cena se dedicó a observar su aspecto y gestos, a analizar su forma de hablar y comportarse, así como la curiosa forma que tenía de abordar los típicos temas entre gente que no se encuentra en un ambiente cómodo y de confianza.

Tenía el pelo rojizo. No parecía teñido, pues poseía otras características de las personas bermejas. Piel clara, ojos azules, pecas… Llevaba un peinado que no le favorecía. Un medio flequillo que tapaba uno de sus ojos, separándolo, aún más de lo que ya lo tenía, del otro. Sin embargo, su mirada era penetrante. También risueña. Su nariz era alargada pero estrecha, no llamaba mucho la atención. Lo más bello de su rostro eran sus labios. No eran demasiado gruesos, estaban bien hidratados y escondían una brillante sonrisa que le encantaba prodigar.

Vestía de forma mucho menos elegante que las personas que tenía sentadas a su alrededor. De hecho, la camiseta que llevaba así como su collar parecían hechos a mano. Poseía un estilo un poco hippie que no casaba para nada con la estética de la fiesta ni con su aparente edad. Pantalones vaqueros cortos, collar de cuentas, cinta en la cabeza y, como toque final, unos zuecos marrones feísimos que parecían muy machacados por el uso y el tiempo. La primera impresión que Circe tuvo de ella fue: “Ésta parece de las típicas vagas”. Pero a lo largo de la cena se dio cuenta de que se equivocaba.

Había estudiado ciencias políticas y económicas. Sacándose un máster en gestión y otro en investigación. Parecía o una tía lista o con mucho dinero. Aunque viendo su camiseta y sus zuecos, seguramente fuera más probable lo primero.

No parecía usar maquillaje y tenía tatuado un extraño dibujo en el antebrazo izquierdo. Ese tatuaje llamó tremendamente la atención de Circe. No acababa de comprender qué intentaba mostrar. Tampoco parecía tener una función comunicativa clara, quizá sólo era algo simbólico.

Circe odiaba no comprender algo. Era una de sus manías. Claro que, después de su primer contacto, no se atrevía a preguntarle directamente y sin excusa que qué demonios representaba ese tatuaje. Pero no podía soportarlo. Necesitaba saberlo. Así que, en una de las veces que se levantó para ir al baño, la siguió. Esperó, mientras se lavaba las manos disimuladamente, a que saliera del baño. Y cuando por fin se colocó en el lavabo adyacente, Circe se decidió a preguntarle.

-Ese tatu…

-Hombre, si es la pequeña borde antisocial de antes. -interrumpió Valle con cierto retintín.-

-Eeem… sí, mira, siento mi comportamiento de antes. -contestó Circe desviando la mirada.-

-Y… -dijo Valle con un gesto interrogativo, esperando a que Circe terminara su disculpa.-

-¿Y qué?

-¿Cómo que “y qué”? ¿Ni siquiera te vas a inventar un excusa falsa sobre lo mal que te ha ido el día o sobre lo capullo que es tu jefe? ¿No me vas a dar una explicación de por qué has sido tan antipática conmigo?

-No es mi estilo excusarme con mentiras. Soy así de borde con las personas que no son mis amigos. -dijo Circe dirigiéndose hacia la puerta.-

-Entonces, no tendrás muchos amigos.

-¿Perdona? -Circe se paró en seco.-

-Nada, que entonces no entiendo por qué vienes ahora de buenas si no te gusta conocer a gente nueva. -rectificó Valle un poco avergonzada por su contestación.-

-Mira, déjalo, ya no me importa el significado de tu tatuaje.

Capítulo 1 “Circe”

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Finalmente, Circe cae rendida sobre el sofá. La casa aún huele a la fiesta del día anterior. Es muy desagradable.

“Circe, ¿qué estás haciendo con tu vida? Parece increíble haber llegado a este nivel de autodestrucción en sólo un año.”

Mira al techo. Sueña despierta. “Quiero verte… Pero nunca me hace bien. No, pero hoy lo necesito. Qué débil soy. Aún no he podido deshacerme de tu foto. Recuerdo cuando lo intenté. Habían pasado cuatro meses desde tu muerte. La arrugué y la tiré a una papelera del parque en el que solíamos charlar los domingos de primavera. Tres horas después volví corriendo y desesperada. Y me pringué de helado rebuscando entre toda la basura que los ignorantes de tu belleza habían derramado encima de tu retrato.

Ahora descansa bajo toda mi ropa interior, allá donde voy, allá que encuentro un cajón en el que haces de colchón a esas braguitas divertidas y coloridas que tanto te gustaban. Este año te ha pasado factura. Estás mucho más arrugada. Pero hueles a helado de fresa. Ja ja ja. Si hubieras escuchado esta broma te estarías partiendo. Como siempre con mis chistes malos. Con tu risa estrambótica y ruidosa que se escucha… digo, escuchaba por toda la manzana.

Yo adoraba esa risa. La sigo adorando. Aunque cada vez suene más lejana en mis recuerdos. Ains… Temo que llegará el día en el que la olvide por completo. Si por lo menos siguiera teniendo el disco duro en el que guardaba todos nuestros vídeos y fotos. Si por lo menos no hubiera destruido casi todo lo que me recordaba a ti.

A veces me pregunto si te borraría a ti. Quiero decir, partiendo del hecho de que ya nunca más podré volver a tocarte, olerte ni escucharte; si tuviera la posibilidad de borrarte de mi mente, ¿sería capaz? Creo que sería muy diferente, que has condicionado gran parte de mi personalidad. No estaría tan concienciada con el medio ambiente, no me interesaría tanto el mundo animal. No valoraría los pequeños detalles en el día a día por parte de las personas que me quieren. Creo que sería mucho más egoísta. Aunque bueno, desde que te fuiste no he puesto en práctica ninguna de estas cualidades.

¿Será que en el fondo te estoy intentando borrar de mi personalidad; convirtiéndome en el tipo de persona que tú nunca hubieras sido, que tú nunca hubieras querido como pareja? No lo sé. Puede que sí. Estoy muy cansada como para averiguarlo ahora.

¿Qué hora será? Tú siempre te despertabas a las 7:00. Fuera el día que fuera. Te hubieras acostado a la hora que te hubieras acostado. Bien es cierto que después te dormías por los rincones si no habías dormido lo suficiente por la noche. Pero siempre había algo seguro. Que a las 7:10 ya no estarías a mi lado en nuestra cama. Te levantarías a preparar el desayuno. Zumo exprimido por ti, tostadas con tomate triturado y leche de soja. Todas las mañanas. Siempre me guardabas zumo y tomate triturado para que yo más tarde pudiera desayunar lo mismo que tú. Añoro tanto ese zumo recién exprimido todas las mañanas. Más tarde te ponías con el ordenador. A organizar todas esas manifestaciones, recogidas de firmas y denuncias para salvar el mundo con tu organización. A soñar con dejar un planeta mejor a nuestros hijos. Esos que ya nunca tendremos.

Ahora que lo pienso. No sé si tiré el libro de cuentos infantiles que escribiste para cuando tuviéramos hijos. Con cuentos que te contaba tu padre cuando eras pequeña y muchos otros de tu cosecha propia. Ojalá no lo hiciera, y algún día lo encuentre en el sitio más inesperado. Una de esas historias fue nuestro primer tema de conversación. Lo recuerdo perfectamente. En una fiesta de cumpleaños. De Toni. Cuando aún no estaba con Ángela e intentaba ligar con ella. Consiguió que dos grupos de diez personas aproximadamente, que no se conocían de nada, se reunieran en el mismo restaurante para celebrar un cumpleaños en donde la mayoría ni conocía al anfitrión.

Por aquella época yo seguía siendo una chica seria y poco sociable. No me gustaban nada las grandes reuniones de gente a la que no conocía. Pero Toni era un buen amigo. No habíamos perdido el contacto en ningún momento. Y eso que nos conocíamos desde hacía quince años. ¿Qué será ahora de Toni? Bueno, la cosa es que estar allí para mí era comparable a un dolor de muelas. Mis amigos de confianza estaban colocados lejos de mí en la mesa. Me era imposible mantener una conversación fluida con ellos. Esto se debía a mi constante impuntualidad. La cual me había acarreado sentarme entre personas a las que no conocía de nada. Me esperaban de dos a tres horas de aburrida conversación intrascendental. Fingiendo interesarme por personas que en realidad no me importaban un comino.

Pero yo no contaba con ella. Valle. Ni con su risueña sonrisa ni con ese extraño sentido del humor. Ella no dejaría que mi plan de pasar desapercibida se llevara a cabo. Ella conseguiría llamar mi atención. Ella lograría hacerse un hueco en el frío corazón de la Circe de entonces. Ella, con sus preguntas salidas de tono y su ingenuidad cuasi infantil.”

Introducción “Circe”

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-Por… Por favor, no dispares- suplicaron los sudorosos labios de Bryan Johnson. –Tengo familia e hijos. Una mujer que me ama con locura. Puedo pagarte lo que me pidas. No se lo diré a la policía.- Sus ojos parecían sinceros, claros, asustados.-

-La persona a la que atropellaste y abandonaste en mitad de una oscura carretera secundaria hace dos años te envía recuerdos.-

Un ensordecedor disparo reventó la frente de Bryan para dibujar la insatisfecha venganza de Circe en una inmaculada pared blanca.

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Circe se despertó en mitad de un caos de botellas vacías. “Ya estoy vieja para estas cosas”, pensó. Se incorporó lentamente sobre la horrible moqueta color césped que cubría la gran parte del suelo de su apartamento y le entraron ganas de vomitar.

Aún quedaban varias invitadas medio desnudas y semi inconscientes tiradas por diversos espacios de aquella casa de alquiler. Pero Circe no podía concentrarse aún en echarlas. Su cuerpo le pedía a gritos que expulsara todos los venenos que la noche anterior había ingerido para intentar olvidar, infructuosamente, sus ganas de morir.

-Circe, ¿tienes algo para desayunar? Necesito comer algo.- Preguntó una despeinada joven de unos 26 años mientras se le caía uno de los tirantes de su ajustada camiseta blanca.

-¡Déjame en paz! ¿No ves que estoy intentando potar?- gruñó Circe con voz afónica.-

-No hace falta que seas tan borde…- contestó asqueada-

Circe se incorporó y, tambaleándose, llegó hasta la joven pelirroja. Se encontraba lo suficientemente cerca como para oler el aroma a sudor, whisky y lujuria que envolvía a la indignada invitada. Se abalanzó rápidamente sobre sus labios y le metió la lengua hasta donde pudo.

-Aaaagh, ¡qué asco, apártate de mí!

-La próxima vez, intenta ser más espabilada y pirarte de la casa de los demás cuando ya sobras.

-Vete a la mierda, Circe.

-Ya nos veremos, guapa.

Los gritos parecieron espantar a las almas en pena que aún quedaban por la casa. Por fin Circe se encontraba sola. Bueno, sola no. Aún la acompañaban todos sus demonios. Hoy era un día especial. Intentaba engañarse a sí misma diciendo que el aniversario no condicionaba sus actos. Pero en el fondo sabía que se equivocaba.

Ya había pasado un año. Un año entero. Con sus 365 días. Con sus 8.760 horas. Ya llevaba 525.600 minutos sin ella. Nunca le había dado especial importancia a las fechas. Pero cuando tu vida cambia radicalmente en un espacio tan corto de tiempo, una parte de tu mente te invita a recordar lo que fuiste antaño. Ya volvía a ser 24 de abril. “Querida Valle, ¿por qué tuviste que morir?”

Incongruencias

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A veces es necesario sentarse y escribir por el mero hecho de sentir el palpitar de las teclas bajo tus dedos. El ritmo susurrante que se crea en la parte baja de tu nuca para llegar a tus huellas dactilares. En ocasiones como ésta, realmente me da igual no tener algo interesante que contar. Siento que el mero hecho de necesitar urgentemente teclear en esta web en blanco desde hace meses, ya es un motivo loable.

No imagináis las veces que he pensado en volver a escribir. Pero como muchas cosas en mi vida, no lo he hecho por miedo. Sí, la que se vanagloria de probarlo todo pese a nada. Ella, yo, no escribía por miedo. Porque cree que no es suficiente motivo escupir sentimientos incongruentes aunque se sientan alto y claro, como ahora. Porque cree que tiene que tenerlo todo atado, dar a entender que se siente segura, que todo está bajo control. Ya que, en su profesión, la más mínima duda sobre lo que está haciendo ya consigue menoscabar su labor.

Pues bien, ella, yo, se ha dado cuenta de que, aunque tenga que interpretar el papel de profesional segura y perfecta durante 12 horas al día, puede encontrar esto, el blog, como vía de escape. Como filtro que consiga verter en una pequeña botella de vidrio la esencia verdadera de esta escritora medio frustrada medio acojonada. Para, cuando algún día pierda el norte de lo que soy, de lo que realmente siento, pueda volver aquí, al blog, y recordarlo, recordarme.

A veces, hay que salir de la zona de confort y perder el miedo a los errores. No releer lo que acabas de escribir, dejar la encimera de la cocina sucia durante unas horas, o simplemente olvidar las expectativas que los demás tienen o no tienen sobre ti.

Capítulo 3 “Circe”

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-No entiendo por qué te has enfadado tanto- le susurró Valle al abrazarla suavemente por la espalda.

-Ya sabes lo importante que es para mí la sinceridad, V. Me duele que no tengamos las mismas prioridades- contestó Circe, aún molesta, sin mover la vista de la pantalla del ordenador.

-Sólo te he dicho que nunca se puede ser 100% sincero.- Valle seguía susurrándole al oído en un tono muy conciliador y cariñoso.

-¿Y te parece poco? Yo necesito poder confiar en ti. Saber que jamás me mentirás.

-Circe, nunca te mentiré mientras me sigas demostrando que puedes soportar mis verdades.- concluyó suavemente Valle, besando la parte superior de la oreja de su compañera.

Circe siguió enfurruñada durante un par de horas frente al ordenador. Intentando trabajar con la mente en otro lugar, en otro espacio. Su largo y ondulado pelo se rebelaba contra ella creando una especie de oscuro telón frente a su mirada. Pero los verdes ojos de Circe seguían perdidos en las franjas de pantalla que esa maraña de pelo le dejaba vislumbrar.

Se preguntaba por qué Valle no podía decirle lo que quería oír, como todas sus anteriores parejas. Aunque bien es cierto que muchas de ellas fueron las que acabaron cortando sin motivos aparentes, cometiendo infidelidades o discutiendo por tonterías durante meses para tener una excusa por la que dejar la relación y fugarse con la vecina buenorra del quinto.

Es cierto, Valle no era otra más. Ella no quería mentirle ni siquiera en lo que la sociedad había impuesto como una mentira piadosa y necesaria. Sabía que Valle la amaba con toda su alma, pero que nunca dejaría sus valores de lado por encajar. Y en parte, eso era lo que más le enganchaba de ella. Su singularidad. Su genuidad.

Se levantó un poco avergonzada de su silla de trabajo y se dirigió hacia el salón. Caminaba pausadamente, intentando encontrar la forma de volver a estar en paz con Valle. Recordó las palabras de su abuela tras uno de los tantos intentos que Circe desempeñó para reconciliarse y volver a vivir con su madre: “A veces, hay que callarse y volver de puntillas, como si no hubiera pasado nada. Fingiendo que todo está bien si ya las palabras se quedaron cortas para las disculpas”

Un suave olor a queso consiguió que comenzara a salivar y pronto dedujo lo que sucedía. Al volver la esquina del pasillo, la vio, allí, en la cocina. En camisón de seda y zapatillas de peluche. Preparando el plato favorito de Circe, lasaña de queso.

Se veía torpe con las manos y Circe se aguantó las ganas de decirle: “Ten cuidado, te vas a quemar con el horno”. Pero pese a todo seguía irradiando una atmósfera de calma y alegría. Intentaba encajar la bandeja de metal en los carriles superiores del horno para que el queso se gratinara y oscureciera lo bastante como para pensar “Uff, unos segundos más y se hubiera quemado”. Así era como más le gustaba a Circe. De repente, una sombra en la oscuridad del pasillo la sorprendió e hizo que pegara un pequeño brinco.

Valle fijó la mirada en Circe y sus labios dibujaron una parábola ascendente. Cerró los ojos y creó dos hoyuelos en sus blancas mejillas. Era su forma de sonreir. Su única y deliciosamente sensual forma de sonreir, la que hizo que Circe se diera cuenta. “Me quiero casar con esta mujer”
Se despertó empapada en sudor. Creía que ya había superado la fase de los sueños-recuerdo. Pero se veía que no, que el juicio que se desarrollaría unas horas después sobre el homicidio “imprudente” de Valle por un importante y desgraciado empresario de la industria alimenticia, había avivado su recuerdo.

(Fuente de la imagen: https://www.bebesymas.com/recetas/lasana-de-jamon-y-queso-un-delicioso-plato-para-compartir-en-familia)

Sacrificio

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“Puedes tener lo que quieras, si sacrificas todo lo demás”. Es decir, no hay NADA que no tenga un precio.

Más vale que antes de luchar por tus sueños pienses cuánto quieres perder. A menudo, perseguir lo que deseas significa renunciar a lo cómodo.

El problema viene cuando nos imponen nuestros sueños o no sabemos con claridad las consecuencias que puede tener luchar por ellos. Cuando eso pasa, cuando la batalla nos escoge a nosotros y no al contrario, el sacrificio puede ser mayor de lo que podemos soportar.

Algo no va bien

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Cuando un día te despiertas y piensas:

-”Vaya… ¿Por qué se me estará cayendo el pelo más de lo normal? ¿Por qué me habrá vuelto la dermatitis? ¿Por qué me duelen los hombros y el cuello como si miles de duendecillos estuvieran pisándomelos con tacones muy afilados?”

Te das cuenta de que algo no va bien. Si la respuesta encima es:

-”Aaaaah, claro, será porque a la semana que viene doy seis conciertos, participo en medio torneo deportivo, y tendré que hacer malabarismos para recuperar las clases de la carrera que me tendré que saltar por colaborar con una orquesta profesional por fin…”

Entonces te das cuenta de que tienes que aflojar el ritmo en algo. Marcar prioridades. Aparcar momentáneamente cosillas. Y he decidido que este pequeño lugar será una de ellas. Durante un par de semanas, no os alarmeis. Al fin y al cabo, sigue siendo una vía de escape para mí. Pero estas dos semanas no me da el tiempo ni para respirar. Prefiero dejaros que empezar a subir material de menor calidad. Espero que no me echéis demasiado de menos :p . Hasta pronto!!!

Lo que nos intentan inculcar

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Lo que es para mí felicidad:

  1. -Sentir el caer de las gotas de una ducha muy caliente sobre mi piel cansada.
  2. -Escuchar un “te quiero” en un momento inesperado.
  3. -Una mañana sin despertador.
  4. -Atrapar un disco que parecía perdido.
  5. -Leer la mente a una persona con la que tengo una fuerte conexión.
  6. -Un día sin teléfono móvil.
  7. -Mirar atrás y darme cuenta de que no me arrepiento de nada.

Para mí, eso es felicidad, y no lo que nos intentan inculcar.