Capítulo 4 (continuación) “Circe”

anciano3

-Para que comprendas mi tatuaje antes debo contarte una historia. Una historia que me contaba mi padre y que con los años mi mala memoria y mi activa creatividad ha ido deformando hasta lo que ahora vas a escuchar.

“Érase una vez, un anciano solitario, huraño y amargado que no quería adaptarse a lo que sucedía a su alrededor.

Esta historia comienza dentro de 1000 años, y es una historia que no deberás olvidar nunca. Dentro de 1000 años, la sociedad habrá avanzado tanto, que los coches circularán por el cielo, los locales y las calles estarán repletos de robots, y los animales salvajes deberán vivir en reservas especiales bajo cúpulas, ya que no podrán respirar el aire excesivamente contaminado del mundo.

Las ciudades también se erigirán bajo cúpulas como esas, y los seres humanos deberán cubrirse con un traje especial cada vez que quieran viajar de una ciudad a otra. Las casas te recibirán al llegar a ellas con un: “¡Hola! ¿Cómo ha ido hoy el día?” Y la gente sentirá la falsa sensación de que siempre están acompañados.

Pero hay demasiadas diferencias con la actualidad como para contártelas todas ahora. Si no quiero alargarme mejor dejarlas a un lado, ya las irás descubriendo.

Érase una vez, un anciano solitario, huraño y amargado que no quería adaptarse a lo que sucedía a su alrededor.

Tanto era así, que había desconectado la electrcidad en todo su apartamento para que su casa inteligente no pudiera interactuar con él. Por las noches, veía gracias a las velas. Velas que, por cierto, no eran nada fáciles de conseguir.

En invierno, se cubría de mantas, ya que no permitía que la propia casa mantuviera su hogar en una cómoda temperatura de 21,5º. Pero cuando uno tiene una edad, pasar inviernos tan duros como los de dentro de 1000 años, no es nada fácil viviendo sin electricidad. Así que el pobre anciano acabó cayendo enfermo.

Le hospitalizaron. El diagnóstico no era muy esperanzador. Seguramente el anciano acabaría muriendo entre aquellas paredes, rodeado de todo lo que odiaba: habitaciones inteligentes, enfermeros robot, gente que no entendía su forma de pensar… Le asignaron un enfermero personal para que, además de facilitarle los servicios básicos, hablara con él y le hiciera más llevaderos sus últimos días. Pero esto no le gustó nada a nuestro querido protagonista. ¿Abrir su persona y mostrar sus sentimientos a una máquina? ¡Jamás!

Tras varios días y numerosos intentos por parte del enfermero para que nuestro protagonista le dirigiera la palabra, acabó estallando.

-¿Por qué me odias? -preguntó el enfermero con la inocencia que sólo un robot puede poseer.-

-… no… no te odio. -susurró el anciano-

-Entonces, ¿por qué me ignoras?  Estoy aquí para ayudarte.

-No puedes ayudarme. Nadie puede ayudarme ya.

-¿Por qué “nadie ya”?

-Porque ya no quedan humanos en este planeta.

-No te entiendo. Según mi base de datos, tú mismo eres un humano.

-Creo que soy el único que queda.

-No te entiendo.

-Normal, sólo eres una máquina. Por eso no quería hacerte perder el tiempo con mis pensamientos. ¡Déjame morir en paz! -gritó nuestro protagonista antes de darle la espalda y seguir durmiendo.-

El enfermero no volvió a pasarse por la habitación del anciano hasta dos días después. Se acercó a él y comenzó a hablar pese a que el anciano no parecía estar despierto.

-He estado recabando información. He compartido una copia escrita de nuestra conversación con mis compañeros. Hemos investigado tu expediente y hemos llegado a una conclusión. Creemos que tu afirmación “Soy el único humano que queda” es errónea, ya que a lo que te referías es a “Soy el único con humanidad que queda”. Piensas que los avances tecnológicos han menoscabado la humanidad de las personas. Estás en contra de vivir según las comodidades de tu época. No te gusta en lo que se ha convertido tu planeta ni la sociedad. No me respetas porque no soy un humano. Pero, ¿no es mucho más humano haberme preocupado por lo que sentías hasta el punto de comprenderte sin que me ayudaras, que el separarte de la sociedad cuando el ser humano es social por naturaleza?

-Cállate…

-Mis compañeros y yo opinamos que tienes miedo. A evolucionar, a adaptarte, a salir de tu zona de confort. Por eso te has aislado y has acabado ocasionándote una enfermedad que va a acabar con tu vida prematuramente.

-Cállate…

Pocas horas después nuestro protagonista exhaló su último aliento, demasiado asustado como para reflexionar sobre estas ideas”

-Eso te lo acabas de inventar, ¡no me jodas! Has visto que soy una chica solitaria y me has mal contado la típica historieta con moraleja para personas como yo. -exclamó Circe.-

-Es, en esencia, la historia que me contaba mi padre.

-Espero que él fuera mejor cuentacuentos que tú.

-No lo dudes. De todas formas, ha sido la forma más realista de contar una historia. Así es la vida real. -dijo Valle.-

-Yo no quiero que mi vida sea así. -pensó en alto Circe-

-Pues no dejes que lo sea.

-Deja de marearme y ahora pon en relación los elementos de tu tatuaje con la historia que te acabas de inventar, ja ja ja. -bromeó Circe cansada de tanta tensión.-

Y así, de esa forma tan vulgar, abrí mi corazón a la principal razón de que hoy lo tenga hecho pedazos y casi tan enfermo como aquel anciano cabezón, que nunca cambió de opinión.

Fuente de la imagen (http://pelusaradical.blogspot.com.es/2010/06/un-dia-con-mi-nieta-el-arte-de-ser.html)

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