Capítulo 1 “Circe”

pielviejaestropeada

Finalmente, Circe cae rendida sobre el sofá. La casa aún huele a la fiesta del día anterior. Es muy desagradable.

“Circe, ¿qué estás haciendo con tu vida? Parece increíble haber llegado a este nivel de autodestrucción en sólo un año.”

Mira al techo. Sueña despierta. “Quiero verte… Pero nunca me hace bien. No, pero hoy lo necesito. Qué débil soy. Aún no he podido deshacerme de tu foto. Recuerdo cuando lo intenté. Habían pasado cuatro meses desde tu muerte. La arrugué y la tiré a una papelera del parque en el que solíamos charlar los domingos de primavera. Tres horas después volví corriendo y desesperada. Y me pringué de helado rebuscando entre toda la basura que los ignorantes de tu belleza habían derramado encima de tu retrato.

Ahora descansa bajo toda mi ropa interior, allá donde voy, allá que encuentro un cajón en el que haces de colchón a esas braguitas divertidas y coloridas que tanto te gustaban. Este año te ha pasado factura. Estás mucho más arrugada. Pero hueles a helado de fresa. Ja ja ja. Si hubieras escuchado esta broma te estarías partiendo. Como siempre con mis chistes malos. Con tu risa estrambótica y ruidosa que se escucha… digo, escuchaba por toda la manzana.

Yo adoraba esa risa. La sigo adorando. Aunque cada vez suene más lejana en mis recuerdos. Ains… Temo que llegará el día en el que la olvide por completo. Si por lo menos siguiera teniendo el disco duro en el que guardaba todos nuestros vídeos y fotos. Si por lo menos no hubiera destruido casi todo lo que me recordaba a ti.

A veces me pregunto si te borraría a ti. Quiero decir, partiendo del hecho de que ya nunca más podré volver a tocarte, olerte ni escucharte; si tuviera la posibilidad de borrarte de mi mente, ¿sería capaz? Creo que sería muy diferente, que has condicionado gran parte de mi personalidad. No estaría tan concienciada con el medio ambiente, no me interesaría tanto el mundo animal. No valoraría los pequeños detalles en el día a día por parte de las personas que me quieren. Creo que sería mucho más egoísta. Aunque bueno, desde que te fuiste no he puesto en práctica ninguna de estas cualidades.

¿Será que en el fondo te estoy intentando borrar de mi personalidad; convirtiéndome en el tipo de persona que tú nunca hubieras sido, que tú nunca hubieras querido como pareja? No lo sé. Puede que sí. Estoy muy cansada como para averiguarlo ahora.

¿Qué hora será? Tú siempre te despertabas a las 7:00. Fuera el día que fuera. Te hubieras acostado a la hora que te hubieras acostado. Bien es cierto que después te dormías por los rincones si no habías dormido lo suficiente por la noche. Pero siempre había algo seguro. Que a las 7:10 ya no estarías a mi lado en nuestra cama. Te levantarías a preparar el desayuno. Zumo exprimido por ti, tostadas con tomate triturado y leche de soja. Todas las mañanas. Siempre me guardabas zumo y tomate triturado para que yo más tarde pudiera desayunar lo mismo que tú. Añoro tanto ese zumo recién exprimido todas las mañanas. Más tarde te ponías con el ordenador. A organizar todas esas manifestaciones, recogidas de firmas y denuncias para salvar el mundo con tu organización. A soñar con dejar un planeta mejor a nuestros hijos. Esos que ya nunca tendremos.

Ahora que lo pienso. No sé si tiré el libro de cuentos infantiles que escribiste para cuando tuviéramos hijos. Con cuentos que te contaba tu padre cuando eras pequeña y muchos otros de tu cosecha propia. Ojalá no lo hiciera, y algún día lo encuentre en el sitio más inesperado. Una de esas historias fue nuestro primer tema de conversación. Lo recuerdo perfectamente. En una fiesta de cumpleaños. De Toni. Cuando aún no estaba con Ángela e intentaba ligar con ella. Consiguió que dos grupos de diez personas aproximadamente, que no se conocían de nada, se reunieran en el mismo restaurante para celebrar un cumpleaños en donde la mayoría ni conocía al anfitrión.

Por aquella época yo seguía siendo una chica seria y poco sociable. No me gustaban nada las grandes reuniones de gente a la que no conocía. Pero Toni era un buen amigo. No habíamos perdido el contacto en ningún momento. Y eso que nos conocíamos desde hacía quince años. ¿Qué será ahora de Toni? Bueno, la cosa es que estar allí para mí era comparable a un dolor de muelas. Mis amigos de confianza estaban colocados lejos de mí en la mesa. Me era imposible mantener una conversación fluida con ellos. Esto se debía a mi constante impuntualidad. La cual me había acarreado sentarme entre personas a las que no conocía de nada. Me esperaban de dos a tres horas de aburrida conversación intrascendental. Fingiendo interesarme por personas que en realidad no me importaban un comino.

Pero yo no contaba con ella. Valle. Ni con su risueña sonrisa ni con ese extraño sentido del humor. Ella no dejaría que mi plan de pasar desapercibida se llevara a cabo. Ella conseguiría llamar mi atención. Ella lograría hacerse un hueco en el frío corazón de la Circe de entonces. Ella, con sus preguntas salidas de tono y su ingenuidad cuasi infantil.”

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