Entonces ¿nos rendimos?

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Pocos oficios están tan infravalorados como la música, la danza o el deporte. Sin embargo, son mucho más sacrificados y frustantes que la gran mayoría. Sí, estáis oyendo bien. Pocos oficios son tan menospreciados y duros, sobre todo cuando no tienes el talento genial de Lionel Messi, Itzhak Perlman o  Rudolf Nuréyev.

Para ciertas personas, el que dediques tu vida a estos campos puede llegar a ser interesante, pero poco más que eso. La gran mayoría sonreirán y en su interior pensarán: “vaya fracasado”; “lo que pasa es que es un vago”; “¿nunca le dijeron que de eso no se puede vivir?”.

Lo curioso es que, cuando te interesas por otros campos del conocimiento, de las artes o del terreno laboral, te das cuenta de que pocas cosas hay en este mundo tan desmotivantes, frustantes o desquiciantes como la música, la danza o el deporte.

Entonces, ¿para qué nos dedicamos a ello? Bien… no es una pregunta fácil de responder. De hecho, llevo varios meses haciéndomela bastante en serio.

-¿Por qué no dejarlo? Es cierto que habría malgastado dos años de mi vida. Aunque tampoco malgastado, ya que he sido feliz durante ese tiempo haciendo lo que me gustaba.

-Entonces ¿qué ocurre, acaso ya no te gusta?

-No, no es eso, es que a veces siento que no merece la pena tanto sufrimiento, tanto esfuerzo no recompensado, tantas decepciones y caídas en el mismo precipicio.

-Ok, pues si es así, ríndete. Adelante, déjalo. Abandona. Dedícate a tu otra carrera.

-Déjame que lo piense. Llevo 3/4 de mi vida haciendo esto. No es una decisión fácil.

-Si dudas, es que ya has perdido la chispa.

-No hay que ser tan radical, quizá esté desmotivada por lo que sea, pero no hay que tirarlo todo por la borda a la primera de cambio.

-Creo que no conoces otro tipo de vida y te da miedo salir de esta zona de confort. En vez de eso, prefieres seguir quejándote pero siendo infeliz.

-Intento imaginarme una vida sin tocar y no puedo.

-Ajá, ahí quería llegar yo.

-Es frustante obligarte a madrugar para desayunar corriendo e ir a una pequeña habitación en la que sólo estáis el atril, las partituras, el instrumento y tú. Es duro ver cómo pasan las horas y tu objetivo aún se encuentra a años luz. Es jodidamente horrible, subirte a un escenario tras meses siguiendo la dinámica narrada y que todo ese esfuerzo no se vea reflejado en ningún momento.

Sí, es frustante, pero aún peor sería no haber descubierto nunca la verdadera esencia de la música.

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