Dulces y amargas contradicciones de la vida

-¡Ya lo tengo!

-¿Qué tienes? -preguntó Yin, desperezándose de una larga siesta en un diván casi tan oscuro como su piel-

Yang se levantó de su mesa de estudio y caminó lentamente hacia la terraza. Abrió la puerta y dejó que el viento revolucionara su larga cabellera cana. Las nubes ocultaban todas las montañas de alrededor y hacían creer que aquel era el lugar más elevado sobre la faz de la tierra. El sol se estaba ocultando, lo que significaba que era el mejor momento, junto con el amanecer, para que ambos pusieran sus reflexiones en común.

Yin vivía de noche, bajaba la alta montaña para ponerse en contacto con la vida mundana, con la tierra, con las personas. Yang trabajaba de día, reflexionaba, observaba el cielo y su inmensidad, e intentaba idear la forma de que los seres humanos encontraran la felicidad. Al anochecer, Yang le resumía a Yin sus nuevas ocurrencias para conseguir el equilibrio del mundo; y al amanecer, Yin informaba a Yang sobre las repercusiones que sus hipótesis habían causado en el pueblo.

-He encontrado la forma de que los seres humanos eviten los extremos y tiendan al equilibrio. Dejen de dar bandazos sin saber hacia dónde dirigir sus vidas y se den cuenta de que el objetivo de su existencia es buscar constantemente el equilibrio perfecto. -respondió Yang emocionado, abriendo los brazos hacia el sol, ya medio oculto, e intentando abarcar el viento que rodeaba todos los recovecos de su piel-

-Bueno, tú primero pásame el informe y cuando yo lo haya puesto en práctica y veamos el resultado, ya filosofaremos sobre si ha sido la solución perfecta a nuestra eterna tarea. -incidió Yin, incrédulo como siempre-

-Se trata de una lista de contradicciones vitales, que todos los seres humanos experimentarán alguna vez en su vida, y que les hará darse cuenta de que nada es blanco o negro. La he titulado “Dulces y amargas contradicciones de la vida”.

-Comienza a enumerar o te quedarás dormido y no podré ponerla en práctica hasta mañana. -contestó Yin asqueado y nervioso-

-Muy bien:

1)Cuanta más libertad le des a alguien, más ganas tendrá de estar contigo.

2)Cuanto más te obsesiones en que algo salga bien, peor saldrá.

3)Cuanto más desees algo, antes te aburrirás de ello tras conseguirlo.

4)Cuanto más enfermo estés, más ganas de trabajar tendrás.

5)Cuanto menos te convenga, más te enamorarás de esa persona.

6)Cuantos más pensamientos se agolpen en tu cabeza, menos palabras lograrás pronunciar.

7)Cuanto más te empeñes en olvidarlo, más tiempo se quedará en tu recuerdo.

8)Cuanto más se preocupe por ti, menos valorarás todo lo que te quiere.

9)Cuantos más conocimientos poseas, más consciente serás de tu ignorancia.

10)Cuantos más celos, menos amor.

11)Cuanto menos productiva sea la actividad, más lento pasará el tiempo.

12)Cuanto mejor persona seas, peor suerte cosecharás.

-Yang, se nos acaba el tiempo. De momento me quedo con estas doce primeras y las intento llevar a cabo durante esta noche. Mañana te comento las consecuencias y seguimos con la interminable lista de contradicciones. -interrumpió aceleradamente Yin. Era el comienzo de su jornada y no le gustaba llegar tarde al pie de la montaña-

-Perfecto, espero que funcione. -concluyó Yin en un largo bostezo-

“A este paso los humanos van a acabar odiándonos” susurró Yang mientras salía por la puerta principal. “No creo que sean conscientes de lo mucho que nos necesitan”.

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Un comentario en “Dulces y amargas contradicciones de la vida

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