Gran egoísta hija de puta

¿Qué hago alimentándome de falsas esperanzas?

“Me encanta hablar contigo” no se traduce en “Te amo”

“Quieres venir a mi concierto de esta noche” no significa “Te deseo”

“He leído esto y me ha recordado a ti” no quiere decir “Vente a mi casa”

“¿Vienes al parque a ayudarme a practicar mis malabares?” no se descifra en “Sueño cada noche con tu recuerdo”

“¿Puedes hacer de modelo en mi próxima sesión de fotos?” no lleva implícito “Para luego arrancarte la ropa a mordiscos”

“Ése también es uno de mis libros favoritos” no es “Voy a dejar a mi novia por ti”

Ella es preciosa, inteligente y lo adora. Es una buena persona que le inspira y apoya. Daría cualquier cosa por él. Haría cualquier cosa por verle feliz. Ya lo hace permitiendo que tenga la amistad que tiene conmigo.

¿Por qué iba a dejarla por mí? Si sólo dedico mis días a arrancarle una sonrisa y mis noches a crear universos que le emocionen. Si sólo le recuerdo en cada cosa que leo, en cada canción que escucho y en los brillos de sol que se cuelan a través de mi persiana. Si sólo pienso sus regalos de cumpleaños 8 meses antes para que sean perfectos. Si sólo aviso a su novia cada vez que él está triste, para que sepa qué decirle, para que su pena dure lo menos posible.

¿Por qué por mí? Si sólo he conseguido arrebatarle abrazo y medio, en cumpleaños y pérdida inesperada. Si sólo llevamos habladas como 200 horas ya entre escritos y charlas. Si sólo me sé de memoria sus colores, comidas, películas, dioses, drogas, bebidas favoritas y sus metas imposibles. Si sólo me he atrevido a escribir mis pensamientos una sola vez y fue cuando perdí una apuesta contra él.

¿Qué hago dando mi vida por alguien que ya ha vendido la suya? Consiguiendo su cariño, su amistad y su admiración. Consiguiendo que no quiera imaginar una vida en la que yo no esté. Consiguiendo que me quiera más de lo que ha querido a una amiga jamás, pero infinitamente menos de lo que quiere a la mujer de sus sueños. Consiguiendo crear una huella en su corazón que tarde o temprano deberá arrancar para no sufrir.

Llegados a este momento, tengo dos opciones. (Ya que él no quiere perderme. Ya que por fin hablamos nuestro propio idioma. Ya que inventamos recuerdos. Y nos abrazamos con un simple roce de miradas.)

O me alejo todo lo que pueda para dejar de sufrir, para no crearle problemas, para volver a ser libre y encontrar a la persona que merezco.

O traiciono su confianza, pidiéndole que la deje por mí. Argumentando que ella es una buena persona pero que yo me dejaría la piel para que cada uno de sus días fuera mágico, para que no distinguiera entre el sueño y la realidad, para que descubriera que él es una de las personas más especiales del mundo entero, para que se diera cuenta de que no puede ser casualidad que el destino haya hecho que nos encontremos.

Lo más sensato, generoso y lógico es alejarme poco a poco, para que no sufra. Que vaya convirtiendo las gotas de su cariño por mí, en ríos de amor por ella. Que deje de necesitarme. Que se olvide sin darse cuenta de lo que construí a su alrededor. Dejarle tranquilo. Para que pueda tocar, escribir y fotografiar la nueva vida junto a su elegida. Y tirar a la basura las partituras, poemas y negativos que yo le ayudé a estropear antaño.

Quizá tenga que ser así. Convertirlo en un “hubiera sido excepcional pero demasiado bonito como para ser real” y meterlo en el cajón de mis recuerdos.

O quizá no.

Quizá debiera jugármela al “todo o nada”, dinamitando lo que he vivido junto a él todos estos años.

Intentándolo.

Quizá debiera ser una gran egoísta hija de puta.

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