Efecto mariposa (II)

6

-Ave María purísima.

-Sin pecado concebida.

-Perdóname padre porque he pecado. Aunque en realidad no estoy aquí para una confesión normal. Quería hablar con usted sobre algo que me preocupa mucho. El pasado domingo, comiendo toda la familia en casa, mi hijo Pablo nos dio una terrible noticia. Dice que es gay y que ya se ha cansado de ocultarlo durante tanto tiempo. Y no puedo entender qué es lo que he hecho mal con él. Si alguien de la congregación se enterara… sería su fin y el de mi familia. Necesito curarle, padre. Necesito que Dios le perdone por esta equivocación.

-José Luis, nos conocemos desde hace mucho tiempo y yo sé que tú y tu familia sois buenos creyentes y mejores personas. Tienes que saber que tu hijo no tiene la culpa. Es una enfermedad y la congregación puede ayudarle. De hecho no es la primera persona con la que tenemos que emplear estas nuevas técnicas. Han dado resultados muy satisfactorios. Podríamos curar a Pablo y acabar con todos vuestros problemas. Y así Dios volvería a tener un lugar para él en el paraíso.

-Eso lo tendría que hablar con Pablo, padre. Pero creo que esas terapias son demasiado agresivas como para que mi hijo pudiera soportarlas. No sé si quiero hacerle pasar por eso. No sé si estaría preparado…

7

-Buenos días Sr. Gómez, sé que estamos interrumpiendo sus vacaciones pero hay un asunto urgente que requiere su atención en la junta.

-Espero que sea importante. Para algo cuento con delegar parte de mi poder en vosotros cuatro.

-No le molestaría si no fuera urgente. Sabemos lo que odia que le interrumpan en sus rutas ecuestres. Necesitamos su permiso para algo. Se trata de la familia de un miembro bastante importante para nuestra comunidad.

-Ve al grano, por favor.

-Se trata del mayor de los Ruiz. Se está desviando de la senda de monseñor Escrivá de Balaguer. Deberíamos intervenir con la terapia de choque número 7.

-¿Y qué problema hay? Llevadlo a cabo.

-Ese es el problema, señor. Francisco Ruiz nos da largas y nos evita. Ya sabe la pérdida económica que supondría para nosotros su ausencia en la congregación. Pero no podemos permitir tales conductas pecaminosas.

-Entonces activad la intervención 2 para Francisco y la 7 para el hijo. Utilizad el quirófano de mi clínica para ello. Que quede entre los cuatro de confianza. Esto no debe trascender.

-Así se hará señor.

8

-Mejor deja de moverte. Cuanto antes lo hagamos, menos sufrirás.

-Espera, pero… qué cojones. ¡¡Suéltame!! ¡¡Suél…bbbhhhmmm…!!

-Con la boca tapadita estás más guapo. Además, no puedes hacer ruido. Estamos en la clínica del presidente de la congregación, no querrás que se meta en problemas por tus absurdos miedos, ¿verdad?

Pablo intentó concentrarse en lo que tenía alrededor. Se encontraba en un despacho con las paredes de madera, el suelo enmoquetado y con muchos cuadros en la pared. Espera, no eran cuadros. Eran títulos enmarcados y fotografías de… ¿caballos? Estaba atado de pies y manos a una silla y aquel tipo enmascarado le había metido una esponja enorme en la boca.

“No entiendo nada. Lo último que recuerdo es… ¿volver a casa desde la universidad? Esto no tiene sentido. ¿Por qué no recuerdo cómo he llegado hasta aquí? Vale… Intenta concentrarte Pablo. Tienes que escapar de aquí o este pirado va a intentar hacerte algo malo. A ver… Un momento, ¿ha dicho que es el despacho del presidente de la congregación? ¿Pero por qué la congregación iba a querer…? MIERDA. Tengo que salir de aquí”

-Te he dicho que te estés quietecito. ¿Ves a estos dos señores que acaban de llegar? Ellos te van a llevar hasta la sala de quirófano. No queremos hacerte daño así que tranquilízate. Sólo queremos ayudarte. Porque no hay nada imposible. Te curaremos para que puedas entrar en el reino de los cielos. Lo imposible se volverá posible gracias a los milagros de monseñor.

Aquellos dos hombres, también enmascarados, portaron la silla con Pablo encima hasta una habitación contigua. Llegaron a una habitación de baldosas blancas en paredes y suelo con una pequeña pantalla de cine en frente de un proyector. Colocaron a Pablo delante de la pantalla y comenzó la película. Para cuando Pablo se dio cuenta del tipo de película que era, aquellos tres hombres ya le habían colocado unos electrodos en las sienes y le estaban poniendo una especie de mascarilla en la cara para que inhalara algún tipo de gas.

“Esto… esto… esto es porno gay. Y me están colocando electrodos. Dios mío, tiene que ser una pesadilla. ¿Qué ha sido ese sonido? ¿Están enciendo la máquina a la que están conectados los electrodos? Esto no me puede estar pasando a mí. Es imposible. ¡¡Imposible!!”

9

-Buenos días señorita.

-Buenos días doctor Gómez. Vengo a mi revisión anual. Ya sabe, al seguimiento para la operación de miopía. Entre una cosa y otra se me han olvidado las gafas en casa. Así que he venido medio ciega todo el camino sin lentillas ni gafas.

-No hay problema, Blanca. Veo que sus ojos siguen tan preciosos como siempre. Siéntese en el sillón del fondo para que le pueda observar el fondo del ojo.

La joven le hizo caso. Se levantó de la silla de madera que elegantemente acompañaba al resto del mobiliario para dirigirse a donde el doctor le había indicado.

-Auchhh…

-¿Estás bien, joven? ¿Qué te ha ocurrido?

-Ufff… me he clavado una astilla de la silla al apoyar la mano para levantarme.

-Lo siento mucho. Mis nietos no hacen más que jugar por mi despacho y destrozarlo todo. Parece que habrán jugado a maniatarse en esta silla, porque está arañada entera en los apoyabrazos. No te preocupes, voy a apartar esta silla para que nadie más sufra un accidente y ahora mismo vuelvo con algo para desinfectarte la herida.

-Muchas gracias.

La joven esperó pacientemente. El doctor se dirigió a la habitación de al lado y rápidamente volvió con un gel y unas tiritas. A Blanca le transmitía serenidad. Su sonrisa, su saber estar. Parecía controlarlo todo en todo momento.

-¿Escuece?

-No mucho. Muchas gracias. Veo por sus fotografías que le gustan mucho los caballos. A mí también me encantan. De hecho, hago equitación en la Hípica Caño Quebrado.

-No me digas. Justamente este fin de semana estuve haciendo unas rutas ecuestres en la Sierra de Gredos.

-Qué casualidad. Mi prima trabaja como guía en esas rutas por Gredos.

-Si es que… el mundo es un pañuelo. Para que luego digan que las casualidades no existen.

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