Efecto mariposa (I)

1

-Llegas tarde. No olvides ir sin las lentillas. ¡Y coge las gafas!

-Que sí mamá, que sí, me voy pitando.

Blanca cerró rápidamente la puerta y bajó las escaleras de tres en tres. Llegaba tarde a su cita con el oftalmólogo. No era algo demasiado importante, pero Blanca odiaba llegar tarde. Hasta que no salió a la calle no se dio cuenta de que sin lentillas no veía absolutamente nada. Buscó la funda de las gafas en el interior de su bolso. “Ajá, aquí están”. La abrió suavemente, para que las gafas no se cayeran al suelo y voilà! Las gafas habían desaparecido.

“Mierda, me las he debido de dejar encima de la cómoda. Ya no me da tiempo, tendré que ir medio ciega”. Blanca intentó cambiar lo menos posible de acera y achinar mucho los ojos para no chocarse con nadie ni con nada. Intentaba incansablemente enfocar, abriendo y cerrando los ojos, intentando mirar a un punto fijo, pero le era muy complicado. De repente se chocó con algo blandito que, a la altura de sus rodillas, lloriqueó.

-Ooooh, lo siento… Pobre perrito.

Cuando se arrodilló para acariciarlo, el can se tranquilizó y se tumbó boca arriba para que le fuera más fácil acariciarle la barriga.

2

“¿Esa es…? Ooooh, ¿en serio? No me jodas. Es la primera vez que nos encontramos en 3 años. Es la primera vez que nos encontramos después de haber roto. Qué mal rollo. ¿La saludo? ¿Me quedo hablando con ella? Espera, espera, espera. Me está mirando. Sí, sí, me está mirando. Y profundamente. Joder, ya no recordaba esos putos ojos tan bonitos que tiene. Ahí viene. Espera, se va a chocar con el perro ese. Madre mía. Qué patadón le ha metido sin querer. Iba tan ensimismada en mí que ni lo ha visto.

No me voy a parar para saludarla. Mejor paso rápido para no crear un momento incómodo. Bastante avergonzada estará ya con lo de perder la noción de la realidad por haberse cruzado conmigo. No me lo puedo creer. Aún me quiere. Eso está claro. Y realmente ya no recuerdo el motivo de que rompiéramos.

Era tan dulce y cariñosa. Siempre me preguntaba por mi día y se interesaba por mis aficiones. No como Verónica, que es tan independiente que pasa de mí siempre. Bueno, pero ahora estoy con Verónica. Lo hecho, hecho está.

Aunque… jope, si tuviera la oportunidad de volver a intentarlo con Blanca, quizá esta vez podría no cagarla y podríamos ser felices. ¿Por qué me voy a conformar con Verónica pudiendo tener a alguien mejor? En realidad le voy a hacer un favor, porque ella aún no lo sabe, pero me odia.”

3

-¿Te lo puedes creer?

-Verónica, es un cerdo. De verdad que si te ha hecho eso, es que no te merecía.

-Lo sé, pero… Pablo, todo ha sido tan repentino. Ayer estábamos tan bien a nuestro rollo. De acuerdo en no poner etiquetas ni ataduras. En ser nosotros mismos, sin agobiar. Y de repente quiere una relación seria y tradicional. Tan repentinamente. No sé. No lo entiendo.

-Tranquila Vero. Yo estoy aquí. Vamos a ver una peli o algo y a comer helado de chocolate. Ya verás cómo olvidas a ese impresentable en un periquete.

“Es el momento oportuno para decirle lo que siento a Vero. Después de 7 años por fin tengo todas las circunstancias a mi favor. Pero ¿qué me pasa? Estoy completamente bloqueado. Es lo que había deseado desde hace tanto tiempo. No me he fijado en ninguna chica desde que la conocí. Prácticamente es la única persona de la que me he pillado. ¿Y ahora que estamos sentados en el sofá no soy capaz de deslizar mi mano debajo de la manta hasta tocarle una pierna? ¿En serio? Soy un cobarde.

Pablo, tienes que echarle huevos, ¿me has oído? Echarle huevos. Vale. Está asustada por la peli, es mi momento para abrazarla un poco.”

4

“No parecía que fuera a dar tanto miedo esta peli a juzgar por la portada. Por lo menos se me está olvidando lo de Rodrigo. Oh, mierda. Al haberlo pensado he dejado de evitar pensar en él. Uffff, me estoy volviendo loca. Vero, céntrate. Estás aquí con Pablo más a gusto que nada, así que disfruta. Carpe diem.

Espera, ¿me está abrazando? Pero ¿qué? ¿Estoy aquí jodida por lo de el idiota de mi ex novio y va y se pone ligar conmigo? Creía que ya le había dejado claro que no quería nada. Esto es de lo que no hay. Me dan ganas de mandar a la mierda a todos los tíos y hacerme lesbiana o algo así.

Pero, espera… Quizá pueda sacar algo de todo esto. Dicen que un clavo saca otro clavo ¿no? Si él ha estado engañándome durante 7 años diciéndome que lo que hay entre nosotros era amistad cuando lo único que quería era clavármela se merece que yo le eche un polvo por despecho. Sí, definitivamente. Voy a besarle.”

5

Verónica se abalanzó sobre Pablo colocándose de rodillas encima de él. Se acercó lentamente a sus labios y, antes de besarlos, mordió juguetonamente el inferior. Pablo no se lo esperaba, pero colocó sus manos estratégicamente en la cintura y cuello de Verónica. No se lo podía creer. Había estado tanto tiempo esperando esto que ahora que había llegado el momento estaba demasiado nervioso.

“Vale, céntrate. Esto es lo que llevabas esperando tanto tiempo. Se supone que todo debería ir rodado. ¿Por qué no fluye? ¿Por qué me está costando tanto disfrutar? Bien, relájate. Mira la televisión un rato. Joder, hasta en la película están teniendo sexo y yo no soy capaz de hacer nada. Ummm… ese actor tiene pinta de matarse en el gimnasio todos los días. Si no, es imposible que tenga ese cuerpazo. Además, le brillan un montón los músculos. Debe llevar algún tipo de aceite o loción corporal. Vale, esto comienza a funcionar. Voy a centrarme otra vez en Vero.”

Verónica se levantó y guió a Pablo hasta su habitación. Allí, se desnudaron lentamente mientras los labios de ambos tatuaban el cuerpo del otro. Verónica llevaba una ropa interior muy provocativa, mientras que a Pablo se le notaba mucho más descuidado en esos aspectos. Siguieron besándose tumbados en la cama.

-Espera Verónica, no puedo seguir…

-¿Emmm, es por algo que he hecho?

-No, de verdad, no es tu culpa, es que… hay algo que no está funcionando dentro de mí- se empezó a vestir a toda prisa y salió medio corriendo por la puerta de la habitación de Verónica.-

-Pero, espera… ¡¡¡Pablo!!! ¡Te has dejado una zapatilla aquí! -gritó Verónica antes de escuchar un portazo proveniente de la puerta principal.-

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