La esperanza es lo último que se pierde

Ayer me dijo que volvería.

Y no sé cómo lo consigue, pero tarde o temprano siempre cumple sus promesas. Por lo general suele hacerlas realidad justo cuando has perdido toda esperanza en él. Sólo por eso sigo esperando sentada en esta preciosa mesa de madera, desde la que puedo percibir el mismo aroma a sal y profundidad en el que él estará sumergido ahora mismo.

Ayer me regaló este precioso ramo de dicentras, porque sabe que me encanta su peculiar forma. Y es que siempre se acuerda en el momento oportuno de cuál puede ser el detalle que más te puede tocar el corazón. Por eso sigo en silencio recordando que hubo algún tiempo en el que fuimos felices. Por eso sigo confiando en volver a ver sus ojos infinitos.

Ayer me dijo que volvería,

pero de ayer ya hace mucho tiempo, más del que me atrevo a aceptar. Mi pelo se va aclarando y mi piel se está arrugando. Ahora comprendo que a estas flores se las denomine vulgarmente “corazones sangrantes”. Ahora comprendo que fuese tan acertado habérmelas regalado justo antes de irse. Porque es ahora cuando estos corazones, antaño frescos y coloridos, se han marchitado, desvanecido y finalmente desaparecido.

Al contrario que mi esperanza.

Ayer me dijo que volvería

y yo… sigo creyéndole.

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