Tratar de explicar lo inexplicable

El otro día, en una típica conversación de bar de un viernes por la noche, un amigo preguntó una de esas cuestiones universales que todos creemos conocer, pero que pocos se atreven a reflexionar.

“¿Qué es estar enamorado?”

Al escucharla se hizo un largo silencio, todos creíamos saber lo que era para nosotros el amor, pero no sabíamos expresarlo con palabras. Me producía vergüenza no saber definir lo que era para mí el amor, y por ello recurrí a la frase más común:

“Cuando estés enamorado, lo sabrás”

Repuesta que no satisfizo a mi amigo ni a mí misma. Así que cada uno comenzó a describir lo que era para ellos el amor. Para algunos era una sensación harto conocida y para otros un sentimiento extraño y oscuro. Yo me quedé callada, intentando descubrir si realmente podía decir algo productivo respecto al tema que se estaba debatiendo. Mi silencio permaneció presente durante toda la velada y mi inquietud comenzó a revolucionarse dentro de mí sin ningún tipo de atadura.

Comencé a investigar sobre el tema. “Seguro que muchísimas personas se han hecho la misma pregunta” me dije, e indagué por los diferentes campos para obtener una conclusión rica y argumentada. Filosofía, poesía, química… muchos han sido aquellos que han intentado definir o explicar el amor. Existen muchos tipos de amor: Autopersonal, incondicional, filial, fraternal, de amistad, romántico, confluente, sexual, platónico, hacia un dios, universal… Pero de todos ellos, los amores romántico, confluente y sexual eran los que más me interesaban.

Muchos han sido los escritores y pensadores que han intentado definir qué es el amor para ellos: “En un beso, sabrás todo lo que he callado.” (Pablo Neruda), “Uno está enamorado cuando se da cuenta de que otra persona es única.” (Jorge Luis Borges), “El que ha conocido sólo a su mujer y la ha amado, sabe más de mujeres que el que ha conocido mil.” (Leon Tolstoi), “Es más fácil quedar bien como amante que como marido; porque es más fácil ser oportuno e ingenioso de vez en cuando que todos los días.” (Honoré Balzac).

Pero entonces, ¿me tenía que conformar con que el amor es algo que podemos sentir todos los seres humanos pero cada uno de forma totalmente diferente? No, yo no me conformaba con eso. Y qué mejor manera de conseguir la objetividad que investigando un poco sobre la opinión de la ciencia respecto al amor.

¿Por qué nos enamoramos de una determinada persona y no de otra? Parece ser que antes de que una persona se fije en otra, ésta ya ha construido un mapa mental, un molde completo de circuitos cerebrales, que determinan lo que le hará enamorarse de una persona y no de otra. Los niños desarrollan esos mapas entre los 5 y 8 años de edad como resultado de asociaciones con miembros de su familia, con amigos, con experiencias y hechos fortuitos.

En las cascadas de reacciones emocionales hay electricidad (descargas neuronales) y hay química (hormonas y otras sustancias que participan). Ellas son las que hacen que una pasión amorosa descontrole nuestra vida y ellas son las que explican buena parte de los signos del enamoramiento.

Cuando encontramos a la persona deseada se dispara la señal de alarma, nuestro organismo entra entonces en ebullición. Sus efectos se hacen notar al instante:

1) El corazón late más deprisa (130 pulsaciones por minuto).

2) La presión arterial sistólica (lo que conocemos como tensión) sube.

3) Se liberan grasas y azúcares para aumentar la capacidad muscular.

4) Se generan más glóbulos rojos a fin de mejorar el transporte de oxígeno por la corriente sanguínea.

“Hay dos cosas que el hombre no puede ocultar: que está borracho y que está enamorado” (Antífanes).

Hace apenas 20 años que se planteó el estudio del amor como un proceso bioquímico que se inicia en la corteza cerebral, pasa a las neuronas y de allí al sistema endocrino, dando lugar a respuestas fisiológicas intensas. El verdadero enamoramiento parece ser que sobreviene cuando se produce en el cerebro la feniletilamina. Al inundarse el cerebro de esta sustancia, éste responde mediante la secreción de dopamina (neurotransmisor responsable de la capacidad de desear algo y de repetir un comportamiento que proporciona placer), norepinefrina y oxitocina, y comienza el trabajo de los neurotransmisores que dan lugar a los arrebatos sentimentales. Su actividad perdura de 2 a 3 años, incluso a veces más, pero al final la atracción bioquímica decae. La pareja, entonces, se encuentra ante una dicotomía: separarse o habituarse a manifestaciones más tibias de amor (compañerismo, afecto y tolerancia).

Con el tiempo el organismo se va haciendo resistente a los efectos de estas sustancias y toda la locura de la pasión se desvanece gradualmente y comienza entonces una segunda fase, dando paso a un amor más sosegado. Se trata de un sentimiento de seguridad, comodidad y paz. Dicho estado está asociado a otra “ducha química”. En este caso son las endorfinas las que confieren la sensación común de seguridad, comenzando una nueva etapa, la del apego. Por ello se sufre tanto al perder al ser querido, dejamos de recibir nuestra dosis diaria de narcóticos.

Es cierto, no podemos negarlo, es un hecho científico: existe una química interna que se relaciona con nuestras emociones y sentimientos. Pero algo seguía sin cuadrarme. Seguramente ese fuerte sentimiento de tradición romántica, culpa de la música y de la literatura, que hacía que pensara que el amor no sólo eran reacciones químicas y condicionantes culturales. Pero eso ya entraba en la parte subjetiva de la materia del amor.

Todo se puede explicar hasta cierto punto, y está claro que el ser humano intenta racionalizar absolutamente todo. Pero tal y como me niego a creer que un ordenador pueda componer música mejor que un ser humano, también me niego a creer que toda nuestra realidad sean meros datos objetivos. Estoy segura de que en el amor, así como en todas las artes, hay una pequeña chispa inexplicable que consigue que todo este mundo sea tan mágico. Para mí, “estar enamorado” es ser capaz de sacrificar el mayor de tus sueños o deseos por la persona amada.

Aunque para otros, el amor es que esa persona sea el mayor de sus sueños o deseos.

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