Ser egoísta para ser feliz

Llevo varios meses pensando en ello y, aunque no es un tema nuevo, hoy me ha apetecido dedicar la entrada al EGOÍSMO.

“-¡Madre mía, qué egoísta es Sanpitopato! Debería sacarse de vez en cuando la cabeza del culo y pensar un poquito en los demás.

-Ya te digo. Si sigue así, acabará más solo que la una.”

Os suena este uso de la palabra y sus derivados, ¿verdad? Si os soy franca, hasta hace unos años, era el único sentido que yo le veía a este concepto, a SER EGOÍSTA. En nuestra cultura judeocristiana nos han empapado e incluso asfixiado con la idea de que siempre hay que sacrificarse por los demás y ayudar al prójimo para ser una buena persona.

Muchos hemos crecido con la obligación a nuestras espaldas de merecer el orgullo de nuestros padres, no defraudar a nuestros profesores y estar siempre disponibles para nuestros amigos. Y eso ha llevado a muchos a ser personas sin deseos ni sueños propios, que viven sus vidas sólo para complacer a los demás, para quedar bien, para ser amables…

Creo que para no caer en este error, debemos abrir la mente a los otros significados de la palabra EGOÍSMO. Incluso la RAE peca de restringir el significado de este concepto sólo a:

1. m. Inmoderado y excesivo amor a sí mismo, que hace atender desmedidamente al propio interés, sin cuidarse del de los demás.

2. m. Acto sugerido por esta condición personal.

Obviamente, este es uno de los significados posibles. Pero a mí me gustaría centrarme en otro diferente. En el que parte de esta definición:

EGOÍSTA: persona que realiza conductas orientadas hacia el yo (ego).

Priorizar el tiempo en satisfacer nuestras necesidades, ser fieles a lo que queremos, luchar por conseguir nuestros sueños… ¿Qué tiene todo esto de horrible? ¿Qué tiene de malo trabajar en ser feliz uno mismo? Una cosa tengo clara: “si no me cuido yo, nadie me va a cuidar”, por lo menos, no como necesito realmente.

Si no somos felices con nosotros mismos es imposible ser felices con los demás. Podemos engañar a la razón durante un tiempo. Podemos centrarnos en otras cosas y en otras personas. Pero el problema siempre estará de fondo. Porque el problema está en ti. Y sólo puedes resolverlo si te centras en hacerte feliz a ti mismo.

Hoy alzo una bandera por el EGOÍSMO SANO, por el AMOR PROPIO, por el derecho a DECIR QUE NO SIN AÑADIR UNA EXCUSA, por el derecho a SER FELICES.

Pero como siempre, me encantaría saber vuestra opinión. Es un tema que se puede desarrollar mucho, pero sólo he querido dejar unas pinceladas para que vosotros completéis el cuadro con otros tonos y técnicas, con ideas nuevas y puntos de vista diferentes.

(Comencé a pensar en todo esto cuando andaba tras la pista de un personaje atractivo e incluso adictivo para mi próximo proyecto. Llegué a la conclusión de que nos encantan los personajes egoístas: House (“House”), Sheldon (“Big Bang Theory”), Abed (“Community”), etc. Y esto me hizo reflexionar: ¿Es que acaso añoramos y admiramos en secreto ser tan egoístas como ellos? ¿Nos gustaría actuar así sin las repercusiones sociales que ello conllevaría?)

Yo creo que sí, pero vosotros, ¿qué pensáis?

Anuncios

4 comentarios en “Ser egoísta para ser feliz

  1. Moji

    No creo que exista un egoísmo sano. El egoísmo te lleva a sacar un provecho mínimo a costa de una gran miseria ajena. El egoísmo te puede dar una falsa sensación de felicidad al principio, obtienes algo rápido, como puede ser comerte toda una tableta de chocolate sin compartirla o cualquier otra cosa. Esos placeres son efímeros y tiene unas consecuencias negativas en el futuro. La gente no compartirá contigo, y te excluirá de su grupo social. Nadie confiará en ti y . al igual que tu, nadie dará nada por ti. Te quedarás solo. Y los hombres somo sociales por naturaleza, necesitamos del colectivo para subsistir, para evolucionar, para ser feliz… En definitiva, cualquier tipo de egoísmo me parece perjudicial para uno mismo, camino opuesto a la felicidad.

    Le gusta a 1 persona

  2. Yo Ego

    Discrepo, Moji. Si hablamos de egoísmo como sinónimo de amor propio, no necesariamente ha de ser perjudicial no ya para uno mismo, sino para cualquiera. Si bien siempre se relaciona el término a ese deseo excesivo, desmedido e inmoderado de obtener un beneficio propio sin importar las consecuencias, (significado acuñado como tantos otros principalmente por esa influencia judeocristiana que tan estupendamente ha mencionado Karat), también podemos hablar de un egoísmo ético, más próximo a la idea derecho-deber que al ansia de obtener y poseer.

    Sin entrar en la percepción que cada cual tenga de un mismo comportamiento y el juicio moral que provoque, una persona egoísta puede no reclamar más allá de su propia individualidad y capacidad para obrar de una forma u otra cuando ella decida, mientras no menoscabe la propia capacidad de un tercero para disfrutar de esa misma libertad. Así mismo, este comportamiento a priori condenable sirve para, sin ir más lejos, defenderse de los diferentes egoísmos a los que nos enfrentamos en el día a día. Por supuesto, no iba a dejar pasar la oportunidad de citar a Ambrose Bierce. Por enésima vez. Y las que haga falta:

    “Egoísta, adj. Sin consideración por el egoísmo de los demás.”

    Por otra parte, el hecho de compartir o regalar desde bienes hasta algo tan sencillo como palabras, más frecuentemente de lo deseable está acompañado de un egoísmo subyacente peor aún que el que se detecta a primera vista. Estas dádivas envenenadas suelen camuflar la voluntad por parte del benefactor de que dicha acción sea recíproca, esperando algo “a cambio”. En otras ocasiones el fin último, ya sea inconscientemente o no, no es otro que la satisfacción moral y por extensión la sensación de superioridad, de “ser mejor que”, del bien sobre el mal. Al fin y al cabo, de esa educación judeocristiana con la que nos han martilleado desde la infancia.

    Tampoco es cuestión de ser catastrofista. No afirmaré que el altruismo murió con el nacimiento del ser humano, pero sí que es un rara avis, y que si nos topamos en nuestra vida con algo remotamente parecido hay que saber apreciarlo como la pequeña y radiante joya que es. Y por muy sociales que seamos, hay valores más determinantes que le dan a un grupo cohesión, como el respeto mutuo, consideración, amabilidad… Valores con un mayor peso social, a los que damos mayor importancia porque nos afectan continuamente. Y es que, y esto sí lo afirmo categóricamente, en mayor o menor medida somos todos unos malditos egoístas.

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s