Sorry for the mess

Un ensordecedor destello me ciega y da pie a un pitido que me taladra el cerebro. Tras unos segundos, el dolor desaparece.

Me inunda una sensación de tranquilidad. Me siento pleno. Envuelto entre todo este silencio. Pero algo me despierta, creo que es un enfermero. Estoy tumbado en el suelo, pero no puedo oír nada.

Siento cómo mi cabeza derrama ríos de sangre y se escurre entre las manos de mi salvador, que no puede atenuar la incredulidad de su rostro. No se puede creer que siga vivo. Tampoco yo.

Parece que esta vez no he conseguido mi objetivo…

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