Un “casi” cuento de hadas (II)

-Voy a remontarme a unos meses antes de que llegaras: Al Mago Karat lo acompañaba otra hada llamada Calíope, quien cayó enferma. Y tras un largo y doloroso período, finalmente murió. Tras este trágico suceso, tu querido Karat vagó por todo el mundo intentando calmar su dolor, pero nada conseguía llenar el gran vacío que su preciada hada le había dejado en el corazón. Tras varios meses rebanándose los sesos para conseguir reencontrarse con su amada, una magnífica idea iluminó su triste camino. Tenía la fórmula para que Calíope volviera y nunca pudiera alejarse de su lado. El caso es que el día en el que conjuró a todos los espíritus para resucitar a su querida hada, tuvo lugar una terrible tormenta que, debido a sus fuertes ondas, modificó un poco los resultados del hechizo que tantos meses le había costado perfeccionar. Y de ese conjuro saliste tú.

Mi gesto no pudo reprimir una mueca de dolor, lo que desembocó en un abrazo por parte del Señor Sapo que desde el principio sabía lo que esta información iba a causar en mí.

-Al principio el Mago Karat no se podía hacer a la idea de haber fracasado en su intento por volver con su querida Calíope. Pero tras mucho hablar conmigo y con los demás sabios del pueblo, llegó a la conclusión de que tenía que darte todo el cariño que hubiera querido mostrarle a ella. Al principio esto fue difícil. Tomó varias decisiones erróneas, como entregarte todas las posesiones de Calíope, haciéndote pensar desde el principio que eran sólo tuyas. Para él eras la sustituta de la que nunca volvería. Todos intentamos hacérselo ver para que intentara empezar una nueva etapa a tu lado, pero él se negaba a comprenderlo. Meses más tarde, cuando tú ya te conocías todo nuestro mundo y querías a tu Mago más de lo que él mismo se podía imaginar, concerté otra cita con él para hablar de todo este asunto. Le expliqué de forma objetiva y fría que si seguía nombrando a Calíope (tanto delante de ti como de todos los seres vivos que nos rodean), tú acabarías descubriendo la verdad y seguramente lo abandonarías.

Me levanté de un salto, dispuesta a volar todo lo que mis alas pudieran dar de sí, para esconderme en algún lugar seguro y calentito, lejos de todas aquellas dagas impregnadas de “verdad”. Pero el Señor Sapo me agarró del brazo y me obligó a escuchar lo último que tenía que decirme.

-Parece que no me equivocaba en mis predicciones. Lo que debes tener claro es que ahora eres lo más especial del mundo para el Mago Karat, y que jamás dejaría que te fueras sin intentar impedírtelo. Te quiere más de lo que realmente se hubiera podido llegar a imaginar nunca.

-Sabía que algo no cuadraba en todo esto…

-Y ahora ¿qué vas a hacer, Luna?

-Supongo que intentaré, con todas mis fuerzas, demostrarle toda la magia que tengo dentro. Y si en algún momento me canso de dar y no recibir, volaré a algún lugar lejano donde volver a empezar una nueva vida. Esta vez, una vida de verdad.

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