El misterio de la Calle Murallas (segunda parte)

Hace días que no recogen la correspondencia. Los vecinos han hablado con la policía y se disponen a descubrir si hay alguien en la casa. Lo que está claro es que no ha habido movimiento en el piso desde hace siete días. Algo que resulta muy extraño y es motivo para inspeccionar la vivienda.

Tras la inspección preliminar, tenemos en nuestro poder (lo poco que nos ha dejado saber la policía) interesantes datos: como que dentro del apartamento se encontraba Roberto, sólo y en un aparente estado de shock.

Horas después me permiten entrar en el habitáculo y, tras mucha búsqueda, encuentro un manojo de cartas que en un primer momento no me llama la atención. Pero más tarde me doy cuenta de que es una pieza clave en todo este misterio.

En una de las cartas dice así:

“… sé que es difícil aguantar la situación extrema que ahora vives. Yo desde aquí, pese a ser tu hermana, no puedo hacer nada. Pero si yo estuviera en tu lugar intentaría buscar ayuda. Aquí, en Suiza, las cosas son diferentes que en España con respecto a ese tema. Pero ya no deberías aguantar más tú sola…”

Por mucho que intento descubrir a qué se refieren con el “tema” o “situación” leyendo las demás cartas durante horas, no consigo nada. Se podrían sacar varias teorías de todas esas palabras, como que su problema es el maltrato o el divorcio no asumido por alguna de las dos partes. De todas formas, no me aclara el hecho de que haya desaparecido.

Intento conseguir alguna información sobre el interrogatorio del marido preguntando a un joven patrullero conocido mío, Juan. Pero sólo puedo sacar en claro que el marido dice incongruencias sobre un paquete que debía recibir y que por fin, hace dos semanas, apareció en su casa. También debe parlotear que no puede contar mucho más porque es un asunto confidencial. Pero al preguntarle por su mujer, se queda callado y horas después comienza a gritar, sumido en un estado de nerviosismo extremo.

Creo que voy a intentar contactar con la hermana de la mujer desaparecida, para intentar clarificar todo este embrollo. Pero no va a ser fácil, ya que la policía no ha podido conseguirlo aún.

Al día siguiente, mi contacto en la policía me informa de un hecho inaudito en la comisaría de mi ciudad. El marido se ha fugado hace escasas horas y ahora todo el cuerpo de policía se ha movilizado para encontrarlo sin armar revuelo.

Las preguntas que ahora me rondan la cabeza son: ¿le han ayudado a escapar?; en ese caso, ¿quién? y ¿cómo?; ¿tendrá que ver con el comentario que tuvo cuando dijo “es un asunto confidencial”?

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