El misterio de la Calle Murallas (primera parte)

Esta historia comienza en el número 2 de la Calle Murallas. En una ciudad más cercana de lo que te imaginas. Eso sí, habitado por los seres más imaginativos y metomentodos que he conocido en mi vida.

En este edificio ocurren desde hace varios meses extraños sucesos, muy relacionados con una de las familias que en el cuarto piso se aloja. Hablo del 4º B, vivienda de un matrimonio de entre cuarenta y cincuenta años. Un matrimonio sin hijos y muy extraños a primera vista. No puedo prometerles que vayamos a descubrir el misterio, pero por lo menos lo intentaremos conociendo las diferentes versiones, para que ustedes mismos puedan formarse una visión objetiva al respecto.

La primera en ser entrevistada fue la señora María Dolores, de unos ochenta años, viuda del señor Darío Domínguez y cuya existencia se dedica en su totalidad a descubrir los trapos sucios de los que la rodean. Esta manía por conocer los deseos más oscuros y actos más salvajes de sus vecinos podría ser causada por la constante obsesión de perdonarse a sí misma algún tenebroso pasado. Pero no es el caso que ahora nos acontece. Esta mujer nos dará una visión subjetiva, pero pese a todo, la que cualquiera podría tener si viviera en este edificio. Esto fue lo que esta arrugada viejecita nos contó:

“A mi me intranquilizan, sobre todo el marido. Ese tal Roberto. Siempre está en el portal esperando, no se sabe a qué. Por las noches se oyen muchos gritos, como si la mujer le persiguiera por la casa mientras discute con él. Él sólo contesta de vez en cuando. Incongruencias sobre un paquete de correos, creo recordar. Pero hace una semana, tras la típica discusión, se oyó un gran estruendo que parecía proceder de la calle, y desde entonces, no se ha oído ningún grito más. A mi me da miedo llamar y preguntar. Porque no sé si algún vecino, ya enloquecido por el alto volumen, entró y los asesinó. O lo que sería más probable, llamó a la policía y los desalojaron. Pero lo extraño es que yo no vi ningún coche de patrulla aquella noche. La esposa, Marta, es una señora bajita, rubia y de ojos azules. Con el pelo corto y gesto serio. Siempre acompañada por un pequeño perrito llamado Lulú. Sin embargo, Roberto es un señor de mediana altura y gran barriga. Calvo y con una densa barba que resalta sus gafas de culo de vaso. Se trata de un hombre de voz grave. Nunca se arregla demasiado y su higiene personal deja mucho que desear. Como ya he dicho, es una extraña pareja a la que no se va a extrañar aunque no vuelvan a aparecer.”

De estas palabras podemos deducir que esta pareja no es muy querida allá a donde va. Que ni siquiera se quieren demasiado entre ellos y que su día a día tiene que ser un auténtico infierno, entre gritos e indiferencia. Pero necesitamos más datos para poder comprender los motivos que les llevan a comportarse así.

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