Cuero Rojo (tercera parte)

Cuero Rojo

Mis ojos verdes observaban el paisaje tras la ventana. Estaba atardeciendo y el sol se situaba tras las montañas como jugando al escondite. Mis manos  fregaban los platos de la cena. Pero mi mente daba vueltas y vueltas, sin darme ni un respiro. No sabía por qué en este preciso momento comenzaba a cuestionarme  las decisiones de hacía cuatro meses.

“He dejado toda mi vida por irme con él a un país distinto, lejano. Aquí he encontrado un trabajo. No siento el vacío que antes de conocerle me invadía. He podido volver a tocar y a él le encanta escucharme. Claro que está mereciendo la pena, pero ¿él hubiera hecho lo mismo por mí? ”

-Qué pensativa estás ¿te ocurre algo? -preguntó inquieto Vicente.-

-No, que va. Ya sabes, siempre pensando, no puedo evitarlo…

-Ven conmigo, tengo una sorpresa para ti. Pero para ello debes cubrirte los ojos, no quiero que sepas a dónde te llevo.

-Otra de las tuyas. Nunca cambiarás. -y eso me encantaba.-

Allí se respiraba una tranquilidad especial. Antes de quitarme la venda que me impedía saber dónde estaba, me dio tiempo de coger una gran bocanada de aire para zambullirme en esa atmósfera mágica que nos rodeaba.

-Ya puedes quitarte la venda.

-Es precioso, -dije mientras contemplaba todas las lucecillas que desde la colina de aquel castillo podía contar- este lugar ha conseguido enamorarme demasiado rápido. Cuando tengamos que irnos me va a causar mucha tristeza no sentir este ambiente de cuento de hadas.

-Creo que Arnedo siempre será un lugar especial para nosotros dos.

-Aún sigo preguntándome cómo pude enamorarme de ti. Bueno, más bien, cómo he podido volverme tan loca como para dejarlo todo y huir lejos, a tu lado.

-Será que somos igual de idiotas. Yo corrí tras tus zapatos y, tras muchos ruegos, tú corriste tras los míos…

-No sé si te ha salido rentable, ahora tienes que escucharme hacer ruido todos los días.

-¡Hombre! Ya sabes que el clarinete es mucho mejor. -bromeó.- Pero no me quejo, adoro la música y me encanta estar todo el día rodeado de arte.

Días después, mi teléfono móvil comenzó a sonar insistentemente en dos o tres ocasiones. Era un número extraño pero parecía importante, así que finalmente contesté:

-¿Dígame?… Sí, soy yo… Tengo que consultarlo, ¿para cuando necesitan una respuesta? Bien, mañana les llamaré. –colgué.

–¿De qué se trataba? -preguntó intrigado.-

–Llamaban de la Berliner Philharmoniker. Por lo visto el primer oboe no era lo que buscaban. Y la primera en la lista de espera era yo. Así que me han llamado para que acuda lo antes posible. -no pude evitar que mis ojos se inundaran de lágrimas.-

-Eso significa que tienes que elegir entre quedarte aquí conmigo o irte a Berlín. -dijo muy serio Vicente.-

-Sí -titubeé yo.-

-Tú sabrás…

-¡¿Cómo que yo sabré?!, ¿y lo que me dijiste hace unos días observando la ciudad de noche?, ¿no que no puedes vivir sin mí? -grité, intentando buscar una excusa para enfadarme con él e irme sin remordimientos.-

-Todo eso ya lo sabes, ¿va a cambiar algo?, no voy a ser yo quien te diga que hacer…

-Lo siento…

-¿Eso qué significa? -dijo siguiéndome por la puerta- ¡respóndeme!, ¿me vas a abandonar ahora? -fuera llovía torrencialmente.-

-¡Lo dejé todo por ti! Mi hogar, mi familia y mi trabajo. Lo abandoné todo por ti y tú no logras entenderlo. Nunca te has puesto en mi lugar. -esto último le dolió mucho.- Mira, mi amor, te quiero, eres la persona a la que más he querido. Nunca hubiera abandonado todos mis sueños por nadie más, sólo por ti. -hice una pequeña pausa.

Estaba empapada y cabreada. A punto de decir algo de lo que sabía que me arrepentiría. A punto de echarle un órdago a nuestra relación:

– Pero ahora que te doy la oportunidad de devolverme lo que yo te he dado, de demostrarme que me quieres tanto como dices. Tú pretendes que vuelva a dejar mis ilusiones a un lado y te vuelva a elegir a ti. Siempre me dices que sea egoísta, que piense un poco más en mí y menos en los demás… que sea feliz. Y que si los demás se preocupan es su problema. Que cada uno se tiene que ocupar de sí mismo y de su felicidad. PERO ESO SE TIENE QUE APLICAR A TODOS MENOS A TI.

Él cambió su gesto de tristeza por una pose más seria y dijo:

-Tú dejaste una vida que no querías por irte conmigo. Pero a mí me pides que deje mis sueños reales por ti, para que tú puedas cumplir los tuyos. No que deje mi vida de mierda, para ser más feliz a tu lado…

Anuncios

Un comentario en “Cuero Rojo (tercera parte)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s