Un homenaje a los idealistas recalcitrantes

“El fracaso nos enseña que la vida no es sino un proyecto, un interminable ensayo de una obra que jamás se estrenará.”

“Son tiempos difíciles para los soñadores”, qué frase más cierta. Me pregunto si el que la pronunció se sentiría como yo hoy… Siempre han sido tiempos difíciles para los soñadores, porque por lo general suelen estar rodeados de realistas incorregibles que intentan arrancarles sus ilusiones a golpes de realidad; no se dan cuenta de que realmente no fue una casualidad que apareciera el sol cuando yo estornudé… ayy, ayy… cuánto les queda por aprender. La solución para ello es que los soñadores nos mantengamos unidos, para que cuando a alguno se le esté acabando su barra de energía para creer en lo increíble, otro de nosotros vaya y le renueve sus pensamientos.

Tenemos que crear una asociación, la de los “IDEALISTAS RECALCITRANTES” en la que una vez al mes vayamos al bosque para observar gnomos, al mar para estudiar a las sirenas y a escalar montañas para descubrir los nidos de los dragones. En la que descubramos detrás de cada baldosa de nuestro baño un cofre mágico que debe ser entregado cuanto antes para salvar la vida de alguien. En la que compremos una máquina de teletransporte para poder visitar Tokio, a los dinosaurios, Viena, las ciudades turísticas del S. XXX, Sidney y El País de Nunca Jamás. En la que nos alistemos con los piratas más sanguinarios de todos los tiempos, para llegar a una tierra de zombies donde tengamos que ganar a la reina de corazones para volver a nuestro tamaño normal.

Siempre me han repetido que no es verdad aquello de que “Nada es imposible” y me lo han intentado mostrar de todas las maneras posibles. Vale, sé que es muy difícil creerlo, pero… mi padre siempre me dijo que “Nada que realmente merezca la pena es fácil”. Así que seguiré creyendo en que la piedra que mi madre colocó encima de la puerta de la entrada realmente espanta a los malos espíritus y que un gato invisible llamado Beethoven es el que siempre abre la puerta del baño de forma escandalosa. Seguiré haciendo caso de aquellas palabras de mi abuela que decían “En nuestra familia todas las mujeres han tenido siempre una pequeña pizca de brujas; nunca renuncies a ella, mi pequeña brujita” y seguiré sintiéndome orgullosa cuando alguno de mis amigos me repita “Sara estás loca, deja de una vez los tripis”.

Nunca me han gustado los cambios, me cuesta amoldarme y siento que pueden hacer que me dé cuenta de que realmente toda mi vida he vivido con una visión del mundo errónea. Pero espero que sólo sea una época y que algo en los próximos días haga que la Luna Catalina vuelva a visitarme para decirme que todo saldrá bien, que la magia me acompaña más que nunca y que puedo subirme a su lomo para saludar a las estrellas que la rodean.

No podemos dejar de creer en todas estas cosas porque aunque el mundo no quiera asumirlo, se necesitan personas como nosotros. El mundo es muy aburrido siendo todo tal y como parece que es. Yo, por ejemplo, no me dedico a la música por placer, sólo intento que el hada que está en una cajita de mi habitación se despierte después de tantos siglos durmiendo…

“La vida es extraña. Cuando eres niño no pasa el tiempo, y de pronto un día, tienes 50 años. Y lo que te queda de la niñez, cabe en una caja oxidada.”

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