Golpes reflexivos

En la novela que invade los últimos minutos de mis días, ayer leí algo que me hizo reflexionar. (Busca la página para copiar textualmente) *No la encuentra*

Decía algo así:

“-Pero ahora somos libres, no hace falta que sigas con la mentalidad de Auschwitz.

-El ser humano no es libre. Creemos que necesitamos comodidades que sólo pueden ser pagadas con dinero. Para conseguir ese dinero, nos sentimos obligados a trabajar. Y no hay mayor falta de libertad que sentirse obligado a trabajar”

Estas palabras han estado rondando mis pensamientos desde entonces. He llegado a la conclusión de que no hay mejor manera de ser libres que utilizando y potenciando la imaginación y la creatividad. Muchos necesitan unas vacaciones alejados de la cotidianidad, en alguna pista de esquí o en una casita rural, para relajarse, para librarse de esas cadenas que nos imponemos durante la búsqueda de la libertad.

En mi opinión, la mejor manera de relajarnos, de cambiar nuestro estado de ánimo, de ser un poquito más libres, es utilizar nuestra imaginación para crear instantes de felicidad. Quizá es porque no tengo más remedio que utilizar mi imaginación para viajar lejos, a alguna playa paradisíaca o a un precioso cañón al atardecer. Pero en las ocasiones en las que he podido comparar las dos experiencias, he llegado a la conclusión de que es mucho más gratificante y mucho más barato centrarnos en potenciar nuestra mente, porque:

“El cuerpo es mente y la mente es cuerpo”

Menos mal que me rodeo de gente que participa en mis locos juegos imaginativos. Menos mal que me han educado en la premisa de que “La creatividad te hace más feliz”. Menos mal que tenemos a nuestro alcance todas las herramientas para ser felices, porque la felicidad se encuentra dentro de nosotros y nosotros somos los únicos que podemos controlar lo que sucede en nuestro interior.

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2 comentarios en “Golpes reflexivos

  1. Viajero.

    No puedo estar más de acuerdo.
    Creo que tenemos suerte de ser así, de no necesitar (o poder) ir a la playa paradisíaca o al cañón espectacular al atardecer. Nosotros podemos ir a un cañón espacial (especial) donde en vez de un atardecer hay tres amaneceres, y el cielo es verde con tonos rosáceos. ¡Y encima vamos gratis!

    ¿Qué mayor libertad puede haber que ésta? Y para colmo de libertades somos capaces de compartirlo para los que no pueden ver lo que vemos.

    Ah, gloriosa nuestra libertad.

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    1. Gracias por tu comentario, Viajero. Me has recordado a un fragmento de la novela que me estoy leyendo ahora, “Caperucita en Manhatan”, y he decidido que sin venir a cuento y por el simple hecho de que me da la gana voy a plasmarlo aquí:

      “Sara había aprendido a leer ella sola cuando era muy pequeña, y le parecía lo más divertido del mundo.

      -Ha salido lista de verdad- decía la abuela Rebeca-. Yo no conozco a ninguna niña que haya hablado tan clarito como ella, antes de romper a andar. Debe ser un caso único.
      -Sí, es lista- contestaba la señora Allen-, pero hace unas preguntas muy raras; vamos , que no son normales en una niña de tres años.
      -¿Por ejemplo, qué?
      – Que qué es morirse, ya ve usted. Y que qué es la libertad. Y que qué es casarse. Una vecina mía dice que a lo mejor habría que llevarla a un psiquiatra.
      -¡Déjate de psiquiatras ni de tonterías por el estilo! A los niños lo que hay que hacer es contestarles a lo que te preguntan, y si no les quieres decir la verdad, porque a lo mejor no sabes tú misma lo que es la verdad, pues les cuentas un cuento que parezca verdad. Mándamela aquí, que yo en eso de lo que es casarse y lo que es la libertad la puedo espabilar mucho.
      -Válgame Dios, cuándo hablará usted en serio, madre! No sé a qué edad va a sentar la cabeza.
      -Yo nunca. Sentar la cabeza debe ser aburridísimo. (…)

      Por ejemplo, un libro con la historia de Robinson Crusoe al alcance de los niños, otro con la de Alicia en el País de las Maravillas y otro con la de Caperucita Roja. Fueron los tres primeros libros que tuvo Sara, aun antes de leer bien. Pero traían unos dibujos tan detallados y tan preciosos que permitían conocer perfectamente a los personajes e imaginar los paisajes donde iban ocurriendo sus distintas aventuras. Aunque no tan distintas, porque la aventura principal era la de que fueran por el mundo ellos solos, sin una madre ni un padre que los llevaran cogidos de la mano, haciéndoles advertencias y prohibiéndoles cosas. Por el agua, por el aire, por u bosque, pero ellos solos. Libres. Y naturalmente podían hablar con los animales, eso a Sara le parecía lógico. Y que Alicia cambiara de tamaño, porque a ella en sueños también le pasaba. Y que el señor Robinbson viviera en una isla, como la estatua de la Libertad. Todo tenía que ver con la libertad.”

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