Golpes de New York

Nunca me gustaron los consejos, siempre sostuve que uno tiene que hacer lo que siente sin importar lo que piensen los demás. Esperamos que la otra persona diga lo que nos gustaría escuchar, pero casi siempre sucede lo contrario. En el fondo uno intuye qué es lo que tiene que hacer (que no lo hagamos es otra cuestión).

Mientras esta serie de pensamientos se agolpaba en mi cabeza, apoyada en la suave almohada que guardaba todos mis secretos más ocultos, yo no podía dormir…

Sobre algo así puedo escribir mi próximo artículo: “Los consejos que nunca quisimos escuchar”…Ummm, no se si me termina de convencer. Venga Emilie, duerme, duerme… Una ovejita, dos ovejitas, tres ovejitas… ¡mierda! ¿Quién coño me dijo que esto funcionaba? Uff, tengo que dormir o sino mañana no podré con mi alma, aunque tampoco es un día especial; bueno ya sé que todos los días pueden ser especiales, que de sorpresas está llena la vida… agggh cada día me parezco más a alguno de mis artículos, ojalá la vida fuera tan mágica.

Cuando estaba a punto de entrar en fase REM, ya notando cómo mi respiración aumentaba y la sangre llegaba a todos los puntos de mi cuerpo; un molesto ruido me despertó.

¿Qué ha sido eso? El ruido se volvió a repetir, y por fin reparé en que se trataba del choque de alguna piedrecita contra la ventana de mi piso. Salté de la cama y me dirigí hacia la ventana para conocer la identidad de la persona que me mantenía en vela, siendo ya las 3 de la madrugada de un miércoles.

Aparté la cortina, una pegajosa mosca se interponía entre la cara del desconocido y yo. Me asomé. Me hizo un gesto que indicaba que bajara para hablar con él.

No puede ser… Pero si hace seis meses que no sé nada de él, ¿cómo se atreve a venir a estas horas?

¿Alguien puede cambiar tan rápidamente de un día para el otro? No. Pero con sus actitudes puede hacernos creer que si. Mierda, ya me estoy poniendo filosófica otra vez.

Emilie… Adrien es agua pasada; te dejó…sí, acéptalo; seguramente se dejaría algo olvidado en tu apartamento y por eso vuelve…

Iba a coger el abrigo rojo, pero recordé que era el favorito de Adrien; siempre decía que me hacía incluso más guapa… (Se ve que no lo suficiente). Así que cogí el negro; además es más calentito, no vaya a ser que quiera hablar más de la cuenta y me quede helada solo con el pijama…

Mientras bajaba por las escaleras un millón de preguntas no dejaban de atormentarme:

¿El amor es algo volátil, hecho de aire como decían los griegos? ¿El amor es algo que tan pronto como llega, se va? ¿De qué esta hecho el amor? ¿De pensamientos? ¿Es causa o azar? ¿El amor es una cuestión química? ¿Son dos cuerpos que se encuentran o dos almas? ¿El amor es una bendición o una maldición? ¿El amor es algo conveniente? ¿Es la unión de dos egoísmos? ¿Existe una ecuación para el amor? ¿Amamos al otro o a la imagen que tenemos del otro? ¿Por qué nace el amor? ¿Por qué muere? ¿Es una ilusión o es algo real? ¿Existe el amor sin dudas? ¿Por qué ese beso que antes te hacía temblar hoy ya no te produce nada? ¿Por qué se va el amor? ¿Y a dónde?

Perfecto… ya sé sobre qué va a ir mi artículo de esta semana. Mira, una cosa buena que he conseguido con esta extraña visita. Sí, un ensayo sobre el amor…

Cuando abría la puerta de mi antiguo portal en Perry Street, descubrí esos ojos felinos que hace años sorprendí observándome a escondidas en la oscuridad.

-Hola Adrien…

Él se acercó como para darme un beso en la frente, como antes… pero mis reflejos me permitieron esquivarlo y sentarme en las escaleras que unían la salida con la acera de la calle.


-Hola, pasaba por aquí y pensé en hacerte una visita. ¿Cómo te van las cosas?

-La verdad es que bien, ya sabes, poco a poco. Creo que me conoces lo suficiente como para saber en lo que estoy pensando ahora mismo…

-Sí; estás pensando en que suba, te explique el verdadero motivo de mi visita después de un apasionado polvo y en que todo sea como antes.

-Nunca dudé de tus capacidades. Bien, ¿subes?

Esto es lo que hubiera ocurrido en uno de mis artículos o en mis sueños. Pero al recordar la mosca de la ventana, la cual en un principio no me había dejado reconocerle; me di cuenta de que a veces en la vida también hay muchas de esas moscas que (consciente o inconscientemente) no te dejan ver la verdadera esencia de las circunstancias a través del cristal. Pensándolo fríamente y dejando a un lado mis sentimientos ¿qué podía hacer aquí y ahora? Seguramente algo no le había salido bien y había vuelto a por mí, un éxito seguro. Tenía pocas cosas que perder y su ego necesitaba un buen empujón… Pues yo no voy a ser la que se arrastre y vuelva a sufrir por alguien como él.


-Hola, pasaba por aquí y pensé en hacerte una visita. ¿Cómo te van las cosas?

-La verdad es que bien, ya sabes, poco a poco. ¿Te olvidaste algo en mi apartamento la otra vez y por eso vuelves?

-No, sólo quería verte. Verás, es una mala época y me apetecía que me contaras tu vida y que compartiéramos cosas, como antes.

-Lo siento pero… todavía no te he superado del todo. Quizá cuando yo encuentre a alguien y tú hagas lo mismo podamos ser amigos…

Yo sabía que todo lo que estaba diciendo no era cierto. Nunca dejaría de quererle y siempre me dolería volverle a ver sabiendo que no podía abrazarle o decirle todo lo que le quería.

Adrien se fue, no sin antes darme uno de esos besos en la frente que tanto odio. Él lo sabía, tenía ganas de jugar; pero ya había jugado demasiado conmigo.

¿Por qué no le invité a dormir? Me preguntaba una y otra vez al llegar y apoyar otra vez la cabeza sobre esa almohada tan suave… Pues porque seguramente me hubiera dicho que no… y no le faltarían razones.

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